Seleccionar página

El turismo responsable busca contribuir al mantenimiento y la protección de los bienes patrimoniales, culturales y naturales de los destinos con el objetivo final de promover el desarrollo sostenible y contribuir a potenciar la economía local mediante la creación de empleo y el consumo de productos locales.  

 
Esto implica que nuestra visita a un lugar debe tener todos esos factores en cuenta. No vale visitar un país africano y decir «ya que estoy aquí, me compró un diamantito que aquí sale más barato que en Europa». Es tu responsabilidad asegurarte de que el diamante que compras esté certificado con el proceso de Kimberly para que tu dinero no subvencione comercio ilegal, que luego no vale de nada ir a comprar a Oxfam Intermon, o publicar en Facebook la pena que te da ver a niños trabajando en estos mismos países. Esto se soluciona no participando, y no hay nada como informarse antes para no caer en estos errores que tan duro se pagan.
 
Hay quienes pagan más de 100 mil € para poder cazar especies que no existen en nuestros países de origen y diremos «estos ricos», pero si luego pagas por hacerte una foto con un dragón de Komodo en cualquier mercado callejero de Indonesia estás participando en la extinción de estos lagartos. De hecho a partir de 2020 la isla de Komodo estará cerrada al turismo por culpa de los listillos que se llevan las crías para sacarlas en el mercado negro.
 
El tema de los animales es muy amplio, desde los perros que usan en China para tirar de carros con turistas, a los tiburones desdentados que tienen en Cancún para que los turistas se hagan sus fotos con él, pasando por los leoncitos desgarrados para lo mismo. Por culpa de la foto y la fanfarronería estamos «demandando» que esto siga sucediendo. 
 
Me recuerda al bebé delfín que se quedó varado en la orilla de una playa argentina y los bañistas se fueron haciendo selfies uno por uno hasta que lo mataron de asfixia. Pasa lo mismo con las estrellas de mar. Una listilla formó un corazón con 31 estrellas de mar para hacerse una foto en el centro del corazón y así conseguir miles de «me gusta» en Instagram sin importarle que las estrellas no pueden estar más de 2 minutos fuera del mar. 
 
El tema de la naturaleza casi que se nos va de las manos con tanta moda pánfila en RRSS, a la gente le dio por apilar piedras de las orillas de ríos y playas cuando tal y como estaban formaban parte del ecosistema de cientos de especies acuáticas tanto de fauna como de flora. 
 
Hay playas que están multando por llevarse arena o rocas de ella. Hay que ser macarra para robar naturaleza: en Cerdeña ya multan por este hecho con hasta 3000€ si pillan a alguien llevándose arena, en la playa de Lalaria (Grecia), donde se rodó Mamma Mía igual, los tontos llevándose un recuerdo de la localización de la peli. En Fuerteventura van a tomar cartas en el asunto porque a un lumbreras se le ocurrió poner el hashtag #PopCornBeach y a todo el mundo se le antojó ir a llevarse una roquita con forma de palomita de maíz. Pensaréis que no es para tanto, pero en las Islas Canarias se requisan las piedras volcánicas que el personal pretende sacar y han llegado a sumar casi 6 toneladas. Que no es un «total, por un poquito», porque tú te llevas un poquito, el otro también, y así hasta que faltan 6 mil kilos de piedras. No es ninguna tontería.
 
Siguiendo con la naturaleza, ahora que está tan de moda viajar para las floraciones de ciertos lugares, en California casi arruinan la floración de amapolas una avalancha de Instagrammers que se habían plantado allí para sacar el proceso imagen a imagen. 
 
Hay cosas que creo que son de cajón: no hacer fotos en países exóticos a las personas, por ejemplo. Por mucho que nos llame la atención una mujer llevando un bonito hiyab de seda, si pertenece a una cultura en la que lo habitual es no mostrar el rostro y el cabello, ¿cómo creéis que se va a sentir si le hacemos fotos para llevarnos de recuerdo?. No creo que sea tan complicado de entender, igual que si vemos a unos monjes budistas rezando. Imagina que estás pidiendo por tus difuntos en la iglesia de San Marcos y llega un japonés y se pone a fotografiarte. A ver qué te parece.
 
Al final nos cerrarán todo por idiotas y pagaremos justos por pecadores. Está claro que quien actúa así es una persona irrespetuosa y egoísta que sólo piensa en sí mismo (muy estilo influencer), pero no es normal que una chica de 20 años salte un cordón de seguridad para arrancar 15 teselas de un mosaico de Pompeya, o que dos turistas se quiten la ropa para bañarse en la Fontana de Trevi, razón por cierto por la que ya uno no se puede sentar en el borde de la fuente ni en las zonas aledañas. 
 
No es tan complicado comportarse bien con el medio. Simplemente hay que usar la lógica si es que llegamos a dar de sí.