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Que sí, que para las tendencias viajeras París será un tópico y lo que tú quieras, pero no hay un lugar más romántico, artístico, literato y teatral en el mundo. ¿Demasiados tópicos en una sola frase? Pues me quedo corta ❤

Apenas me quedaban dos semanas para volver a España cuando estaba viviendo en Londres y me dije, «¿y si me cojo un tren y me planto en la capital francesa?». Dicho y hecho. 8 días estuve. Salí a las 6am desde la impresionante estación internacional de Saint Pancras (allí se encuentra el famoso Andén 9 3/4 de Harry Potter) y llegué a París 2h30 después. Eso sí, a las 9h30 hora francesa porque en Inglaterra es 1h menos.
Desde luego el alojamiento era de mi estilo mochilero – lowcost – cutrecillo – pero limpio en el Boulevard de Magenta llamado Magenta Hostel, que creo que ya ni existe, situado en la 4ª planta de un edificio sin ascensor (caserón parisino de principios del siglo XX) por 371€ (a 53€/noche. Descuento en Booking)
La ubicación era ideal para ir a todas partes, que París es muy grande y no todo lo que me interesaba estaba en el centro. Ah, y todo a base de mapa. Que yo no tenía un móvil con acceso a internet en 2012 😎
He de reconocer que puse en práctica el conocido pillaje español, porque como me había sacado la cartilla del paro en Jerez 8 meses antes, aunque ni cobraba prestación ni nada porque estaba trabajando, la usé para entrar gratis en algunos museos 🙄

El primer día hice un reconocimiento del medio y vi medio París 😂. Bajé todo el boulevard hasta llegar a la plaza del Carrusel, vi el palacio del Louvre por fuera, el Arco del Triunfo de Carrusel, y recorrí todos los jardines de las Tullerías hasta llegar a la plaza de la Concordia. Debía llevar unas 2h casi porque obviamente iba haciendo fotos.

A lo largo de este recorrido, me topé con el Sena por primera vez y vi de lejos la Torre Eiffel.
Seguí caminando a través de los Campos Elíseos hasta llegar al Arco del Triunfo al que subí gratuitamente con el carnet de desempleo español.

El presupuesto no me daba para alquilarme una Scooter como hizo mi amiga Silvia evocando Amèlie, pero es una gran razón para volver 
Después de ver la impresionante imagen de las 12 avenidas saliendo en forma radial desde la glorieta Plaza de Charles de Gaulle, cogí un bus (me compré el bono de 12 viajes que incluye bus, metro y tren) camino de Notre Dame (sólo vi el exterior). Comí en un kebab de la zona (no llegaba a 10€ el menú) y ya por la tarde me dirigí al hotel (el único bus que cogí fue el de Place de Gaulle a Notre Dame, así que estaba bastante cansada por la caminata. Además, llevaba mucho tiempo despierta (desde las 4h30 am)

Justo en la calle trasera del hotel había un pub chulísimo llamado Chez Prune donde cené, aunque sólo recuerdo la tabla de quesos que fue espectacular 
El segundo día me dirigí a la Ópera de Garnier. Eso de haber trabajado casi 7 años en un palacio diseñado por él, hacía que fuese de obligada visita. Seguí hasta el puente de Alejandro III, que aunque la estampa más conocida sea nevado, qué iba a hacer si era 19 de abril. En fin, precioso durante el día porque el sol brillaba radiante y lucía mucho, además, iba camino de la torre Eiffel así que preferí usar este puente que es precioso.

No subí a la torre porque tengo mucho vértigo, y eso de ver el suelo a través de las piezas no me ayuda, pero estuve alrededor y me pareció espectacular. El tamaño, la época en que fue construida, pensar que era una pieza efímera que sólo serviría de puerta para la Expo de 1889, la petición formal que hubo para su retirada por considerarse horrible… En fin. Hay artistas que nacieron para que generaciones posteriores apreciasen su obra, y sin duda Maurice Koechlin, Èmile Nouguier (los ingenieros que la diseñaron), Stephen Sauvestre (el arquitecto que la perfeccionó) y Gustave Eiffel (el ingeniero que la construyó), son de ellos.
En los Jardines de Trocadero había un mercado de artesanía y alimentos ecológicos, y allí me hice con varias piezas de chacina (que me durarían casi todo el viaje) y pan para hacerme allí mismo un bocata (me cortaron ellos mismos el pan)

Me fui a lo largo del Sena hasta llegar a la Isla de los Cisnes, donde podemos ver una estatuta de la Libertad (hace poco os hablé en RRSS de que aparece en la peli «The Quest»)

Por el camino, vi un reportaje de una boda china en el cinematográfico Boulevard de Grenelle.
Me fui en bus hasta el Moulin Rouge. Además de el teatro en sí, iba buscando el bar donde se rodó Amèlie: Le deux moulins. Aproveché que la Happy Hour era hasta las 19h y cogí mesa con la puntería de que me dieran justo la del póster firmado de Audrey Tautou ❤
El tercer día lo tenía reservado para visitar el Louvre. Estuve 6 horas. De hecho, como había planeado comer bocatas para no perder tiempo, me compré el día anterior en una tienda de souvenirs del Boulevard de Clichy (donde está el Moulin Rouge), un sacacorchos – abrelatas – navijita con la torre Eiffel en morado. Lo sorprendente es que me dejaran pasar con el tremendo control de seguridad que hay en el museo.
Tienen una zona de estarcimiento con cafeterías y mesas libre de cargas para quien quiera hacer picnic propio, como fue mi caso.
En el museo entré gratis usando mi tarjeta de desempleo 
Hay que pensar que la única razón por la que quería ver París estaba dentro del Louvre: La Victoria Alada ❤

Por la tarde, me fui a Notre Dame para visitar su interior, aunque no subí a la torre en parte por la cola, y en parte porque subir el primer día el Arco del Triunfo ya se llevaba mi dosis de vencer el vértigo por varios años.
Cené en el Barrio Latino, nombre que le viene dado desde la Edad Media cuando los estudiantes de la zona se comunicaban en Latín. Es una zona con mucho ambiente llena de bares y restaurantes.

Sabía que estaba actuando cual guiri, pero cené con un menú de la casa por 15€, vino incluido. En París es muy típico pedir una jarra de agua del grifo y así se abaratan costes.

El cuarto día lo tenía reservado para visitar Versalles. Aquí no me sirvió el carnet del paro: 25€ palacio + exposición especial.
Eso sí, estuve 8 horas. También me llevé bocatas y navajita, y nuevamente pasé los controles de seguridad sin problema. No hago hincapié en eso porque me parezca bien, al contrario, me parece fatal.
Cuando no hablo de las cenas es porque compraba en los supermercados y cenaba en el hotel, aprovechando que aunque fuese cutrecillo, tenía nevera en la habitación.
No sé qué quería hacer el quinto día, pero vi un mercado en la Plaza de la Bastilla y me bajé del bus. Qué rico todo. El mejor queso, el mejor vino, el mejor paté… Compré de todo y comí allí mismo. Luego me dediqué a pasear por Notre Dame nuevamente, volví a la torre para pasear por los Campos de Marte… «Slow Paris», que es muy necesario dedicar tiempo a pasear, tomar un chocolate, una creppe por la calle… como siempre digo.
El sexto día iba en bus al Montmarte cuando vi un cartel tamaño gigante de una exposición de Modigliani y Soutine. Me bajé allí  mismo y fue la primera vez que pude ver la obra de mi admirado pintor italiano en persona. Era curioso porque precisamente iba al Montmarte a ver la casona donde vivió. No pude hacer fotos en el interior de la expo, pero fue espectacular. Además, nunca he vuelto a ver obras de Soutine en persona, así que fue un lujo  poder deleitarme con aquella colección de obras privadas.
Seguí viendo localizaciones de la peli Amèlie como la frutería y la casa.
Por fin encontré la casona por la que pasaron los mejores pintores europeos del siglo XX como mi Modigliani o Picasso, pero justo estaba cayendo un chaparrón y no pude disfrutarlo bien. De todos modos es una propiedad privada algo dejada, así que tenía que conformarme con ver lo poco que se podía desde la placita que precede. Se llama «Bateau Lavoir»
El séptimo día, volví al Montmarte. Estuve en los exteriores del Sacre Coeur escuchando música en directo (me paré porque el chico estaba cantando «Hotel California» de The Eagles) y paseando por aquel hervidero de artistas y bohemios que tanto  me apasiona.

 

El octavo día volví a Londres lista para hacer las maletas, que volvía a España sólo tres días después 