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No sabría determinar cuántas veces he ido a Portugal, porque entre excursiones de un día, escapadas… Llevo yendo desde pequeña con mi madre. Supongo que vivir a 2h30 de otro país, lo convierte en recurrente a la hora de descansar un poco.

Pero recuerdo perfectamente tres de estos viajes.
El de 2000, cuando bajé en bus desde Santiago de Compostela hasta Villa Real de Santo Antonio con mi madre y hermana sin nada preparado (lo de ser aventurera es genética de mi padre y ejemplo que he seguido de mi madre). Ya habíamos subido a Santiago de Compostela desde Cádiz en bus (tampoco llevábamos nada preparado), así que el palizón fue tremendo.
Salimos de Cádiz a las 16h y llegamos a Santiago a las 7h del día siguiente. Recuerdo que cogimos un taxi y mi madre le dijo «llévenos usted a una pensión barata que esté limpia», y al bajar del coche vi la imponente fachada de la Catedral entre brumas. Es lo que tiene ir por la calle antes del amanecer un 27 de diciembre.
En el periplo portugués, estuvimos un par de días en Fátima, y otro par en Villa Real de Santo Antonio. El día de Fátima nos bajamos del bus de noche, lloviendo, y sin sitio donde dormir. Mi madre dijo, «vamos para allá», y se puso a caminar hacia donde indicaba una señal que estaba el centro.
Hay que recordar que aún no existían los Euros. Así que había que cambiar a Escudos en las oficinas de cambio.
Vimos un cartel que ponía «chambres» (habitaciones), y ahí nos metimos.
La señora que nos abrió, mayor y que sólo hablaba portugués, no fue llevando por los pasillos hasta dar con una habitación de la segunda planta en cuya puerta había una ventanita. No lograba comprender aquello.
Le dije a mi madre que me sentía como en «Psicosis» y mi hermana se echó a dormir. No parecía importarle.
Obviamente, la elección del destino fue puramente religioso, desde luego no por mí, sino por mi madre y hermana que les gustan esas cosas.
Me impresionó mucho el Santuario por sus dimensiones, que no dejan de indicar las cantidades ingentes que mueve aquello, pero no voy a entrar en opiniones personales.
Lo mejor sin duda fue la gastronomía. Yo aún no era consciente de que los entrantes de pan con paté de sardinas se pagaban en la cuenta, así que me los zampé muy emocionada. Ya en Villa Real de Santo Antonio, donde estuvimos prácticamente de compras de menaje del hogar, el primer día no lo toqué pero aún así se lo cobraron (que sería el equivalente a 1€, pero la irreverencia juvenil es así), y al día siguiente en cuanto el hombre fue a ponerlo en la mesa le dije que se lo llevara. En fin. A día de hoy me encanta porque es lo más típico que se puede degustar en Portugal.

La siguiente vez que volví fue en 2007, durante las vacaciones de Semana Santa. Estuve hospedada en Faro, en el hotel Guest House Sao Filipe (30€/noche), muy bien situado y pude hacer turismo por todo el Algarve. 

 
En Faro disfruté mucho de la zona céntrica, considerada un centro comercial al aire libre por mantener los comercios en sus locales de origen pero funcionar al unísono como las grandes superficies. Las calles consideradas este eje comercial son  Francisco Gomes, Liberdade y Ferreira Almeida y Calle de santo António.

 
La Catedral gótica está a las afueras y es de origen medieval, está reconstruida debido al terremoto de Lisboa del siglo XVIII. No me perdí el Museo Municipal de Faro, donde se puede conocer la historia de la ciudad a través de sus salas. 
 
A sólo 10 km se encuentra el pueblo de Estoi, cuyo palacio data del siglo XVIII pero actualmente es un hotel y las ruinas romanas de Milreu

 
Al día siguiente visité Loulé, también en el distrito de Faro, y aunque hizo un gran día, es una pena que del Castillo sólo se conserve una sección de la muralla con tres torres defensivas, ya que es la estructura más antigua de la ciudad (origen medieval)

 
Albufeira es probablemente la población más conocida de la costa sur portuguesa, que me encantó desde el inicio por su etimología (del árabe significa «Castillo de mar»). 
Además de ser un destino que se presta a actividades naturales por contar con las Grutas de Xorino, en el centro histórico (que se acerca más a lo que a mí me gusta de las ciudades), se puede visitar la Iglesia Matriz, del siglo XVI aunque reconstruida tras el terremoto, y la Torre del Reloj, del siglo XIX.
 
Mi último día visité Lagos, una ciudad de notable importancia en la época de los descubrimientos, ya que en su puerto se construían las carabelas. 
En el paseo marítimo se encuentra el Castillo de los Gobernadores, construido durante la dominación musulmana y donde los gobernadores se establecieron a partir del siglo XIV. Justo enfrente, está el  Fuerte Ponta da Bandeira está en el paseo marítimo, construido como defensa de la ciudad en el siglo XVII durante la Guerra de Restauración.
El día que volvía a Jerez, lo pasé en Tavira. Mantiene su encanto de pueblo de pescadores pero cargado de patrimonio.
Yo cogí el trenecito turístico para conocer el medio.
Por Tavira pasa el río Gilão, y sobre éste el Puente de los Siete Arcos, de origen romano y que marca el eje del casco histórico, muy vital lleno de comercios y bares.
La última vez que estuve en Portugal fue para conocer su capital. Estuve 5 días en Lisboa en los que disfruté como nunca del país vecino, pude degustar de lleno la gastronomía y todo con la tranquilidad necesaria para pasarlo en grande. Me hospedé en el hotel Lisboa Central Park (45€/noche)

La razón principal fue que tras trabajar en la Real Escuela de guía durante 7 años, sabía que en Lisboa había un gran museo de carruajes, y quería conocerlo. De modo que me preparé mi viaje previamente con distintos blogs marcando qué vería cada día por la mañana y por la tarde.
El día que llegué lo dediqué al barrio del Chiado, tomé un tranvía porque era una imagen muy pintoresca y son preciosos, la plaza del Comercio, que limita con el río Tajo. Hay muchísimos miradores para disfrutar de las vistas.
El segundo día estuve en el barrio Alfama, visité el castillo San Jorge y la Catedral.
Subí el elevador de Santa Justa a pesar de mi vértigo, pero me había comprado el bono de 10 tickets para los tranvías y la subida iba incluida, así que aproveché.
Otra cosa que no podía dejar de ver a pesar de mi vértigo era la Catedral quemada, pero eso de estar junto a un contrafuerte… Era una experiencia que debía tener en mi vida.
Lo que más me gustó fue cenar en el Hard Rock Café ❤
El tercer día lo dediqué a mi admirado Museo de Carruajes.

Carruaje utilizado por S.M. la reina Isabel II de Inglaterra en su visita a Lisboa en 1957

 

Ya que estaba en la zona de Belém, aproveché para ver el monumento a los Descubridores, la torre de Belém, y aunque no entré, el Monasterio de los Jerónimos por el exterior. El atardecer fue uno de los más bonitos que he visto.
El cuarto día me fui a Sintra a ver el Palacio Do Pena. Fue espectacular. A la vuelta pasé por Estoril buscando donde vivió la Familia Real Española durante el exilio y Queluz, pero llegué 15 minutos tras haber cerrado el Palacio Real.

 

El quinto día paseé un poco por el centro nuevamente antes de marchar.
Cada día, excepto la noche del Hard Rock Café, degusté un plato distinto de la gastronomía portuguesa. Sin duda, las cataplanas fueron mi gran descubrimiento y me encantaron todas ellas. El marisco y otro tipo de pescados son también dignos de pedirlos así como los dulcecitos de Belem, que me traje una cajita para Jerez.
Este viaje a Lisboa ha sido uno de los más bonitos que he hecho nunca, y lo guardo en mi recuerdo con mucho cariño.