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Como siempre defiendo la inmersión cultural a la hora de viajar, la gastronomía no podía quedarse atrás. Es algo que aprendí con mi madre cuando me llevaba por las excursiones alrededor de España y Portugal y siempre he puesto en práctica, incluso cuando era estudiante y el presu no daba para mucho. 

 
Al menos un día se lo dedicaba a la cocina autóctona, y me horrorizaba escuchar a otras compañeras decir «es que soy probre, vamos a un McDonald´s». A ver, pagar 7€ y pico por una hamburguesa que mejor no mires y 4 patatas bastón no es barato. Yo he pagado menos por un menú en Portugal. En fin, todo está en la predisposición de cada uno a conocer realmente el lugar que visitamos. 
 
En EEUU tienen unas carnes espectaculares, recomiendo totalmente ir a un Steak House porque realmente saben cocinarlas muy bien. Yo las pediría sin salsas por encima, para que probéis el sabor auténtico, ya luego podéis echarle o no.
A mí no me gustaron, pero creo que estar allí y no probar las tortitas con sirope de Aunt Jemima, así como la mantequilla de cacahuetes, es no tener una experiencia yankee al 100%.
 
En Italia es lógico que la pasta es lo más archiconocido, pero hay vida más allá de los macarrones, pizzas y focaccias. Menuda manera de preparar la carne. Son los reyes de las salsas, a mí me encantaron todas y como no, sus ensaladas. Mi favorita es la de carpaccio de ternera con salsa de atún y alcaparras, eso está espectacular
 
En Reino Unido se han cubierto de mala fama pero nada más lejos de la realidad. A mí me encanta un buen fish and chips de bacalao, eso sí, no podemos pretender comprar uno por 5 libras en el mercado de Camden y esperar una delicatessen. Yo recomiendo ir a los pubs, es donde se cocina como antaño en las casas de los páramos ingleses y puede sorprenderos mucho la experiencia. Los pies, los guisos, el roast beef… Ya estoy deseando volver 
 
En Portugal no hay nada mejor que una cataplana. Las hay de cientos de sabores, pero la de arroz con pulpo fue espectacular. También cocinan muy muy bien el bacalo y el marisco, pero vuelvo a las cataplanas 
 
En Marruecos hay que pasar un mes para poder probar todo lo que cocinan y aun así no hemos acabado. Desde el tajine (guisos varios), el cuscus, los kebab (pinchos de carne picada), las ensaladas, la pastela… Qué barbaridad
 
En Francia me sorprendí mucho de descubrir que los mejillones con patatas fritas era el plato estrella, pero como allá donde fueres haz lo que vieres, lo pedí y he vuelto a pedirlo cada vez que voy. Aparte, ya sabemos que la gastronomía francesa es una maravilla y muy variada, desde el ratatouille, la vichyssoise, los scargotts… 
 
En Malta me desilusioné por la no gastronomía típica del país más allá del pastizzi, pequeño pastelito de hojaldre con ricotta o de pasta de guisantes, aunque pude redimirme por mi amor al queso, y allí pude encontrar el Gbejniet
 
En Noruega obviamente el salmón está por doquier, no sólo el ahumado que es una locura, sino el salvaje cocinado al grill, así como la trucha de río de las montañas altas que me gusta incluso más que el salmón. También las carnes de reno y alce son muy populares, y aunque las hacen también como cecinas, a mí no me gustan así particularmente. 
 
En Dinamarca podemos encontrar el asado de cerdo con chicharrón que se cocina lentamente, muy popular así como el estofado de ternera hervida, y el plato por excelencia es el Smørrebrød, una rebanada de pan negro, untado con mantequilla, lonchas de carne, pescado, queso y acompañado de guarnición
 
En Alemania todo el mundo piensa en salchichas, pero nada que ver con los perritos calientes de los puestos callejeros que podemos encontrar en cualquier parte del mundo. Allí tienen las tablas de salchichas de menos a más picante servidas con su guarnición como plato principal, además de el codillo. Eso sí, no lo cenéis como hice yo porque es muy copioso.
 
En Holanda no sabía muy bien qué me iba a encontrar, con tanto turista está plagado de restaurantes internacionales de todo tipo, pero di con una taberna y sabía que lo que debía pedir eran los bitterballen, unas croquetas de carne muy típicas. 
 
En Bélgica me encontré con una gastronomía totalmente inmersa en la francesa, así que como los mejillones con patatas fritas se vuelven a repetir, tiraré aquí de los postres aunque no son para nada mi fuerte. A mí me gusta lo salado, pero un gofre belga tenía que comerme porque son los maestros del chocolate.
 
En Luxemburgo hacen un guiso típico de ternera con patatas cocidas y verduras, como podéis ir viendo, en los países más fríos los guisos son el plato fuerte para combatir las bajas temperaturas. 
 
En Polonia pasa igual, el guisoteo del bueno, el cuchareo. El goulash polaco de cerdo es una maravilla, además lo sirven con un picadillo y arroz y la verdad es que la mezcla resulta asombrosa. También tienen los pierogi que son unas empanadillas, pero eso lo dejé para la próxima vez que vaya.
 
Probablemente para mí el país más complicado de resumir sería España, pues no sólo cada región tiene una gastronomía distinta debido a que tenemos un país con 4 tipos de climas distintos, sino que la topografía influye en qué tipo de cultivo, ganado, pesca o caza tenemos. La provincia de Cádiz está dividida en 5 comarcas y en cada una de ellas, hay una cocina distinta: el pescaíto frito de la Bahía, el atún del Estrecho, las setas de la Janda, la caza de la Sierra, guisos como el de alcauciles de la Campiña.
Probablement e es lo que nos hace tan complicado apreciar las cocinas internacionales resumiéndolas en un «no hay variedad». Tal vez es que somos tan sumamente ricos en nuestra cocina, que lo demás nos sabe a poco.