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Se parece un poco a lo vivido en navidad o mi cumpleaños con respecto a pasar una fecha señalada fuera, pero esta semana ha coincidido la feria de mi ciudad y la celebración de la Constitución noruega y he cambiado una por otra.

 

 

 

 

 

De todos es sabido que a mi la feria ni fu ni fa, que he ido, pero que mientras más años cumplo, menos la disfruto, así que he aprovechado el momento para ver cómo viven los noruegos su patriotismo, y no como los estadounidenses que se limitan a hacer barbacoas y tirar petardos, sino con sus trajes regionales, ellas y ellos, por las calles. Me ha encantado.
 
Lo estaba viendo venir, llevo unas semanas vendiendo cosas que quiero reciclar por los grupos de Haugesund y aparte de mis enseres, todo lo que se vendía era relacionado con el tema del día nacional. Incluso en las grandes superficies las banderitas y todo tipo de decoraciones patrióticas se hacían hueco en el primer lineal. Hasta los ramos de flores estaban formados por el rojo, el azul (a veces morado para que hiciera las veces de) y el blanco. Una exaltación nórdica en todo su esplendor. Pero lo más curioso es la cantidad de helado que se vende este día. 
 
El jueves 16 mientras sacaba a Coco, vi a todo el colegio Solvang Skole ensayando con los instrumentos musicales y las banderolas. Por la tarde me etiquetó una amiga para que fuera a su casa y me apunté a cual bombardeo, primero por juntarnos, y luego por vivir algo así, tal y como hice en el Día de Acción de Gracias cuando vivía en EEUU. 
Siempre estoy defendiendo hacer inmersiones culturales, y vivir una fiesta así te permite entrar de lleno. 
 
El 17 de mayo se celebra que en 1814 se firmó la constitución de este país y se puede decir que es la fiesta más multitudinaria que hay (a juzgar por los habitantes que hay, unos 5 millones, todos se echan a la calle) 
 
Aunque la mesa noruega se suele vestir con salmón, pan recién hecho en el propio horno y huevos (fritos, revueltos, escalfados, poché…), mi amiga es mexicana casada con noruego, así que el menú distó un poquito (no falta ese fantástico guacamole con chile habanero que está para comérselo a cucharazos) 
 
Cuando estuve el juves en el Vinmonopolet (licorería), veía cómo el personal se llevaba las botellas de champagne a decenas, pero nosotros lo versionamos y nos hicimos con ese Sauvignon Blanc que he descubierto hace poco llamado «Arrogant Frog», que por 11€/botella es lo más decente que se puede beber sin invertir demasiadas coronas. 
 
A las 10 de la mañana salía el desfile infantil, y a las 15h el adulto. Entre medio, todo el mundo de fiesta en el puerto deportivo. Yo estuve durmiendo la siesta, no preguntéis cuánto me he mimetizado con el medio vikingo. 
 
Aunque habíamos quedado a las 17h30, aparecí a las 19h. Tenía que llegar a una de las islas, la de Hasseløy, y claro, por el camino fue haciendo el reportaje que aquí os traigo. 
 
Cuando iba de vuelta a las 23h, pude disfrutar de un atardecer extensísimo ya que faltan semanas para que comience aquí en el sur el sol de medianoche, en el norte ya está. Y desde el puente pude oír que la fiesta seguía en el puerto deportivo. No es habitual que los establecimientos estén hasta tan tarde, así que la gran mayoría tenía conciertos, de ese modo se aseguran que el personal paga una entrada (son gratuitos a menos que haya concierto).
 
Además, el tiempo acompañó, 20 gradazos que nos pegó de sol a tope, por lo que estar en la calle era muy agradable. 
 
La verdad es que ha sido realmente bonito formar parte de esta fiesta en la que la exaltación de amor por el país queda clara, y no me extraña, estos noruegos tienen un bello país donde la naturaleza es la gran protagonista, y el respeto lo llevan por bandera.