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Tengo una madre convencida de que yo estaba triste cuando pasaba mi cumple en el extranjero. 

De hecho por narices aseguraba que lo había pasado llorando, lo cual me llegaba a molestar hasta que comprendí que las notables diferencias entre ambas eran las que hablaban.
Seguramente ella sufrió en sus 18 años en Barcelona cuando no podía bajar a Guadalcacín, en cambio a mí no sólo me importa un pepino, sino que lo disfruto aún más si cabe.
Primero porque detesto la insistencia del personal en quedar, porque a veces no me apetece ver a nadie, y si cae en el 6 de febrero, no voy a hacer una excepción porque sea el día que nací. Seguiré sin ganas de ver a nadie, ya se me pasará.
Y segundo por el continuo aprendizaje en el que me veo sometida. Soy una persona curiosa, ya hemos hablado de eso antes (como Egeria, quiero verlo todo ❤), y además de una mentalidad abierta herencia de mi padre que no puedo con ella.

De escapada de finde con Coco en Benaocaz

 

Esto implica que no siento apegos por nada ni por nadie (sólo por mi Coco y él va donde yo vaya, así que no hay problema), que me gusta experimentar otras culturas y considero que no hay nada como pasar una fecha señalada en otro sitio para entenderla mejor.

Mi 23 cumpleaños en Fort Worth, Texas

 

Allí cumplí los 23 años por una paranoia mía, ya que soñé que eso sucedía y claro, no es que los sueños se cumplan sin más como creía entonces, es que cogí un vuelo y me planté allí unos meses antes 🙄😂
Para mi cumple tuve varias celebraciones:
– Visité el parque de atracciones Six Flags over Texas, situado entre Dallas y Fort Worth. 

En lo alto del parque de atracciones

 

– Mis amigas Mary y Lupe vinieron a mi casa y luego nos fuimos de fiesta 

Amigas, Smirnoff Ice y música

 

– Mi amiga Michelle me llevó de vacaciones consigo a Houston donde estuvimos 8 días

En Houston, Texas

Pero mi madre seguía convencida que estuve triste, llorando y deseando estar rodeada de los míos, los que me ven cual bicho raro porque nunca me he casado, ni formado una familia, ni comprado un piso, ni un coche… En fin. Desando estaba, claro.
Tuve una adolescencia complicada, y ni hablar de los 20. Los 20 son para echarlos al fuego, y me sentía atrapada, nunca olvidaré que el mismo verano que decidí marcharme tenía que hablar con alguien (entonces no había redes sociales para comunicarse una) y me quedé pasando la agenda del móvil con el dedo y no tenía absolutamente nadie con quien hablar y contarle cómo me sentía. Ése fue el día que decidí que me iba y lo dejaba todo atrás. 

Mis 20 años y mis 58 kilos

Os cuento esto porque fue en EEUU donde crecí, cambié y aprendí que viajar es una de las mayores fuentes de bienestar que existen. 

Fort Worth

Fue mi terapia, fue lo que me hizo ver que mis problemas existenciales de jovencita mimada no eran nada cuando las hermanas de mi amiga Michelle tenían mi edad y una tenía 4 y la otra 5 hijos. Una estaba soltera y la otra tenía al marido en la cárcel. ¿Que yo tenía qué problema, perdón? 

Concierto de música texana con las hermanas Salazar

Había pasado desde los 4 años, cuando mi padre falleció, en continua visita al psicólogo, y viajar empezando por el país que más lejos estaba de todos los que él visitó acabó con mis miedos, inseguridades, ansiedad y bloqueos vitales. 
En EEUU vi nevar por primera vez en mi vida (quién me ha visto y quién me ve 😂), vi el resultado de un tornado que había pasado justo un año antes de mi llegada, y conocí un golfo de México antes de la llegada dos años después del Katrina, uno de los cinco huracanes más mortíferos de la historia de Estados Unidos. 

Mi día a día actual

Es otra de las cosas que te da viajar, la habilidad de experimentar cosas como si fuera la primera vez al estar en una posición en la que nada es familiar. ¿Por qué creéis que fue a mi vuelta cuando me interesé por la cultura jerezana? Me abrió los ojos y me hizo apreciar lo que tenía en casa. 

Jerez

 

Después de mi tormento personal y egoísta, hallé mi panacea, me encontré conmigo misma y cambié mi actitud ante la vida. 
  • Mi segundo cumple en el extranjero fue en Londres, aunque he de reconocer que me pedí tres días y viajé a Jerez 

 

¿La razón? Al cumplir mis 31 tenía “amigos” con los que salía de marcha y les echaba de menos. ¿Y dónde están esos amigos? Pues ni idea, de los 9 que vinieron sólo mantengo 2 (mi Fátima y mi Juan).

Con esto quiero decir que debemos estar muy seguros sobre qué nos arraiga a un lugar, no vaya a ser que estemos dando un lugar privilegiado a quien no lo merece.

Nunca olvidaré las palabras de un chico que nos encantaba a todas las alumnas de La Salle, un año mayor que yo y de un instituto público que me hizo sentir mal llamándome friki por mis ansias de viajar.
Él iba a entrar en la uni ese año en Económicas y le pregunté si se iba a marchar de Erasmus a lo que contestó “no, Marga, algunos tenemos amigos aquí y no queremos irnos, no como tú que eres una friki que sólo quiere volar”.
6 años después coincidimos en Telepizza, él ya graduado y repartiendo pizzas a domicilio y yo ahorrando para mi tercer viaje al teléfono de la pizzería. En fin. 

Trabajé muchas veces poniendo copas para pagarme los viajes. Esto es del Época

Confieso que también vine porque echaba de menos las cigalas y los chicharrones 

Las cigalas de la Antigua Cruz Blanca

 

Mosto Domi

Viajar nos ayuda a relativizar y a enfocar mejor las prioridades de la vida, no lo digo yo, lo dice el psicólogo Jaime Burque y no puedo estar más de acuerdo con él. 

Pasando por el Blue Lagoon, Malta

 

Y ya sabéis que desmitifico cada dos por tres la idea de que hace falta una gran cuenta corriente para ellos: recorrer en bici varios pueblos, salir de Erasmus, hacer el Interrail, irnos a una casita rural de las que hay en en El Bosque, alquilar una caravana, irnos de camping, salir en moto, ir de mochileros, de peregrinos, buscar trabajo en otro país… Mil millones de opciones y mucha excusa es lo que hay. 

Erasmus en Padova

 

  • Mi tercer cumple fuera ha sido el de hace 4 días. Os aseguro que Noruega acaba con tanto coach de mindfulness suelto.

 

Estar aquí al cumplir mis 38 me ha servido para dar carpetazo a mi pasado emprendedor que tiraba de mí cual ancla y hacer que no me preocupe de mi futuro. 
Que me aceptan en la Escuela de Idiomas de Haugesund, pues allá que voy a sacarme el B1 en noruego. Que se encarta que vuelva a España, me tomaré un Barbadillo en cuanto llegue. Que es otro sitio, pues ya investigaré qué hay allí que me guste 😂

Con mis compañeros

 

Además, he aprendido otra canción de cumpleaños feliz que no es la universal (estos noruegos), y he tenido la oportunidad de compartir el momento con personas de 6 nacionalidades distintas. Es que el mundo está ahí fuera lleno de cosas, de personas, ¿cómo no voy a querer perderme en él?

Sol de medianoche en Haugesund

 

Mi padre falleció a sus 43 años trabajando. Si no hubiese viajado antes, ¿qué hubiese significado su vida?

Mi padre y su lectura

Está claro que el accidente de coche que tuve hace año y medio cuando iba a trabajar marcó un punto de inflexión en mi vida, pero es que era mi vida la que me estaba hablando. Más bien me estaba gritando “¿¡Qué haces, melona!?” 
Me hacía ilusión emprender, pero tampoco era para hacer todo lo que estaba haciendo. Yo no sirvo para ser empresaria, no es lo mío. Yo siempre supe que quería viajar y dejé de hacerlo por personas, por cosas, por proyectos… Cuando precisamente los viajes son paréntesis más que necesarios en nuestra rutina, básicos para no morir en el intento.

Coco en Burdeos

La ilusión de prepararlo, planearlo (como esa famosa frase de que los viajes se viven tres veces: cuando los planeamos, los hacemos y los recordamos), la tolerancia que se adquiere hacia otros (nunca olvidaré el pollo que estaba montando uno de los últimos compañeros de viaje que tuve en Francia, poniéndolos a caldo), te abre la mente con otras culturas (jamás me oiréis hablar en contra de un hiyab o la poligamia, eso me lo ha dado ir 10 veces a Marruecos y aprender a respetar su cultura, que no es la mía, es la suya, y no tengo por qué criticar algo que no me pertenece)

Assilah

Uno no puede huir de lo que es, de hecho sería una estupidez dejar de ser algo porque los demás no lo entiendan. Es como ese cuento medieval marroquí de los Yébem: Si el corazón se niega a ser feliz, es imposible ir en su contra, y el mío siempre ha sabido que quería viajar  ❤