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Aunque la bibliografía viajera o Literatura viajera consista en libros sobre viajes, yo os traigo los que me han inspirado a viajar. Daba igual el tema que tratase, fuese novela o libros de Historia, como relaten un movimiento de una ciudad a otra, de un castillo a otro o una batalla, tened por seguro que quiero ir 

 

 

 

 

 
Sin duda el libro que me cambió la vida fue «Come, reza, ama», de  Elizabeth Gilbert, que por si fuera poco es autobiográfica, por lo que una piensa «si lo hizo ella, lo hago yo». Y por eso básicamente os escribo desde un fiordo noruego  
No consiste en recrear paso a paso lo que nos cuenta la historia, sino en escucharse a uno mismo, lo que nuestro corazón nos está diciendo que necesita (y él sabe mejor que tú lo que quiere), a veces incluso el cerebro lo necesita, y llevarlo a cabo según nuestras posibilidades. Yo no podía permitirme viajar durante un año a Italia sin hacer ni el huevo y luego a Indonesia a meditar, pero podía dar un golpe en la mesa, decir «esto no me hace feliz, no necesito el molde de casa-coche-nómina» y hacer algo distinto. 
 
Ya os hablé de esto en la entrada sobre mi cumpleaños, un viaje no es solo físico, el más importante es el del interior. 
 
Aunque no soy nada dada a leer bestsellers por regla general, cuando me regalan un libro, obviamente no le pongo pegas ni le intento explicar a quien sea que la Generación del 27 es mejor, así que hago lo propio, lo agradezco y me lo leo. Eso me pasó con «El último catón», de Matilde Asensi que coincidió que me iba de camping y me vi a mí misma con un lucerito por las noches dentro de la tienda de campaña leyendo ávidamente. Lo mejor fue que los recorridos por la Ciudad del Vaticano y Roma me los conocía todos, incluso cuando los protas van a Santa María in Cosmedin y mencionan que casi todo el mundo se limita a hacerse la foto con La boca de la Verdad y no entra en el templo. Yo sí, y me hizo mucha ilusión reconocer todo lo que la monja y el arqueólogo estaban explicando por ser una viajera curiosa y no ceñirme a lo que aparece en las recomendaciones.
 
Con el tema de Jane Austen da para una entrada aparte. Cómo no adorar esa campiña inglesa si «Orgullo y Prejuicio» te transporta a través de ellas… Y tengo pendiente visitar Bath, que lo haré sí o sí la próxima vez que vaya a Inglaterra, pero es que desde Londres salen rutas específicas inspiradas en las obras de esta novelista que nos retrató fielmente la sociedad de final del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
 
Llevo desde 1986 sin pisar Barcelona, pero leerme «La sombra del viento» de Carlos Ruiz Zafón me avivó una necesidad, además, nada de barrio gótico ni Sagrada Familia, yo quiero ir a avenida del Tibidabo, a ver esas mansiones y a imaginarme por allí a los personajes. 
 
Si que cayese de un modo circunstancial «El ocho», de Katherine Neville acrecentó mi intención de visitar París, que me regalasen «El fuego», la segunda parte, fue el motivo por el que el País Vasco estaba entre las favoritas de España para mí, y por fin lo conocí el año pasado, y por fin probé su gastronomía, sus vinos, conocí a su gente, y he de decir que la novelista estadounidense no se queda corta. Deseando volver y conocer más estoy. 
 
Si hay una historia tormentosa donde las haya es «Cumbres Borrascosas», de Emily Brontë. No sé ni cuántas veces la he leído, de hecho creo que solo esta novela y «El sí de las niñas», de Moratín, son las únicas que tengo subrayadas (a las demás le meto post its con anotaciones). Esa descripción de los páramos ingleses, esa desolación, esa Granja de los Tordos, ese Heathcliff… En cuanto llegue a España me la releo. Además de la historia en si misma, el modo en que está escrita es una maravilla. Qué complicada se hace como no se lleve un ritmo. Ésos son los libros que me gustan a mí, nada de entretenimiento, la literatura es mucho más. Tiene que hacerte pensar, y en mi caso, me hace querer ver in situ dónde sucedieron los hechos (más bien dicho, dónde se imaginó el autor que sucedieron) 
En el bloque de novelas he dejado para el final «Azafrán», de José Manuel García Marín por ser el que me estoy leyendo ahora mismo. Precisamente mi personaje es un viajero, así que no me ha costado mucho imaginarme yendo de Espartinas a Sevilla, de ésta a Córdoba, y ayer me quedé en que debería emprender su viaje hacia Granada, a ver qué pasa. Yo lo que sé es que voy a ir a Córdoba antes de lo que podéis imaginar, porque ahora que he leído cómo fue en el siglo XIII, necesito revivirla. Necesito volver a esa judería, a esa gran mezquita. 
 
Y ahora sí entro de lleno en lo que más me gusta leer en el mundo: historia pura y dura.
 
El año pasado me leí «Juego de Reinas», de Sarah Gristwood, que relata cómo el siglo XVI estuvo dominado por mujeres. Cada palacio, cada castillo, cada viaje de esas grandes giras y expediciones que hacían está tan bien documentado, que bien podría servir como una gran y buena guía de viajes. 
Por lo pronto sé que a Edimburgo voy a ir. Menudo viaje se marcó Mary Stuart de Francia a Escocia, y de la manera que viajaban entonces… Pero además de ésta, también nos cuenta cómo viajaron y vivieron Isabel de Castilla, Juana de Castilla, Juana de Navarra, Anne Boleyn, Elizabeth Tudor, Mary Tudor, Margaret Tudor, Catalina de Médici, Anne de Francia, Margarita de Austria… Todas en sus castillos, si es que no me da la vida para tanta visita.
 
Un libro que me enamoró y me alegré mucho de que fuese de lectura obligada en la facultad fue «Los vikingos», de James Graham – Campell. Ya me lo había leído, de hecho lo tenía en una colección de libros sobre civilizaciones, pero que uno de los trabajos de Edad Media I fuera precisamente sobre estos marinos guerreros, me hizo desear más aún visitar Escandinavia, y aquí me veo escribiendo este blog desde Haugesund, cuna de los reyes vikingos  (para ser exactos, ellos estaban aquí al lado, en Avaldsnes, que además es el asentamiento real más antiguo de Noruega) 
 
Y como siempre que escribo así en general encuentro las maneras de meter Jerez , pues cómo no voy a concluir con «La revuelta mudéjar» de Miguel Ángel Borrego Soto. No solo explica que los musulmanes recuperaron la ciudad que había caído ante Fernando el Santo, sino que explica una sociedad, una urbe medieval rodeada de un rico alfoz que era muy goloso para el rey cristiano que pretendía saltar al norte de África y que sus fundadores, los sharishíes, no querían soltar tan fácilmente. Hasta vinieron los nazaríes de Granada y los benimerines de Marruecos para ayudar… Es la obra perfecta para conocer Jerez aún en manos de sus fundadores. 
 
Ya sabéis lo que dicen por ahí, si no puedes viajar, lee un libro. Es el mejor modo de visitar lugares sin moverte de tu casa