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Alemania es uno de esos países que a menos que dediques tres meses recorriendo cada rincón en coche, no te quedas tranquilo.

Lo digo porque la historia, los castillos, la naturaleza, es tan abundante que lo convierte en uno de los países más completos para visitar. Da igual lo que te guste, seguro que Alemania lo tiene 
 
Mi primera ciudad alemana fue Flensburgo, justo en la frontera con Dinamarca.
Los que estabais en mi Facebook por septiembre de 2018 ya sabéis que fue un error: me equivoqué de salida en la carretera al incorporarme desde Dinamarca y acabé conociendo un preciso pueblo en un fiordo del que desconocía su existencia pero que me cautivó hasta el punto de decidir quedarme allí a echar el día: pura serendipia ❤
 
Es una ciudad de origen medieval, encantadora y portuaria, con un patrimonio histórico y cultural bastante variado gracias a que fue una de las pocas ciudades que sobrevivieron a la IIGM. 
La mayoría de las calles son peatonales con acceso a bicis, que se pueden alquilar en el puerto. La mayoría de restaurantes, bares y tiendas están ubicados en edificios del siglo XIX.
 
Justo di con un lugar para almorzar donde no tenían la carta en inglés, sólo en danés o alemán, así que me limité a pedir lo que tenía la mesa de al lado . Menos mal que estaba bueno.
Como venía bajando de Noruega, encontrarme que un decantador con 1 litro de vino de la casa de Riesling costaba 11€ hizo que casi se me saltaran las lágrimas (además de la pequeña cogorcilla que cogí) 
 
No encontré ninguna tienda donde vendiesen ni la bandera alemana (para mi colección mochilera) ni imanes. Tampoco me quise mover de la calle central y puerto, todo hay que decirlo. 
De allí me fui a Hamburgo, donde pasaría la noche en el hotel Achat Hamburgo (75€/noche). Antes de ir al hotel, eché la tarde noche en esta importante ciudad portuaria conectada al norte por el río Elba.
En pleno centro tienen un boulevard que conecta la ciudad nueva (Neustadt) con la vieja (Altstadt).
 
La galería comercial más importante  se encuentra en este boulevard que une ambas. así como la Ópera, aunque para los que busquen marcha tienen el barrio de St. Pauli (yo no fui, ya no tengo aguante para tanto jaleo) 
El edificio que más me impresionó fue sin duda el Ayuntamiento, situado en el barrio Altstadt en el centro de la ciudad, cerca del lago Binnenalster.
Cené en el archiconocido Hofbräu Hamburg un potpurrí de platos típicos alemanes y más Riesling. 
 
A la mañana siguiente estaba lista para hacer una de las visitas más difíciles pero que todo ser humano debería hacer: un campo de concentración NAZI. 
Fui hasta Neuengamme y sólo hice una foto (ya os puse un vídeo en Facebook en la puerta diciendo que me parecía una falta de respeto) hacia el exterior y ya está.
 
No podría explicarlo con palabras, 55,000 personas sucumbieron a las condiciones subhumanas del campo que consistían en trabajos forzados con una nutrición insuficiente, condiciones antihigiénicas y violencia por parte de los guardias. Y aun así, es de los menos letales. Sobre este viaje basado en la IIGM ya os hablé en otra entrada ( www.nosolotours.com/iigm
 
A la vuelta de este viaje, ya con Coco a bordo, estuve en Bremen. No estuve mucho en Alemania porque es uno de los países que más trabas me ponía con el perro, y aunque llevaba toda la documentación veterinaria al día, preferí pasar más tiempo en otros países donde incluso podía entrar en los restaurantes. 
 
Aquí ya tuve clara la importancia de la liga Hanseática ya que claramente influía incluso en la arquitectura. Todas las ciudades que he visitado que formaban parte de esta red guardan un asombroso parecido, y Bremen no es menos.
Es conocida por su papel en el comercio marítimo y el centro está repleto de edificios extremadamente ornamentados. Fachadas donde el gótico y el renacimiento se mezclan sin piedad coronadas por la escultura de Rolando, un gigante que simboliza la libertad de comercio. 
Me hospedé en el hotel Best Western Hotel Achim, en una urbanización de las afueras de Bremen con mucha zona ajardinada donde pude pasear a Coco (62€/noche) 
Comí en un área de servicio y me llevé dos bocadillos típicos (con salchichas alemanas): uno para comer allí y otro para el camino porque fui incapaz de comer ambos (5€ c/u)
 
Lo puse hace poco en la página de Facebook de NoSoloTours y lo vuelvo a decir: Berlín me está llamando Aún no sé para cuándo, pero tiene todas las papeletas de ser la próxima ciudad que conozca (de los viajes no planeados aún, quiero decir) 
Aunque me encantaría hacer una buena ruta de castillos, conocer Baviera y perderme en galerías de arte indepes en Múnich o Frankfurt, tengo que avisaros que las carreteras alemanas son un tostón. Las autopistas no tienen límite de velocidad, por lo que te puede adelantar alguien a 200 km/h y las carreteras están SIEMPRE en obras. No sé cómo lo hacen, pero es un muermo. Se te va la vida del viaje en embotellamientos   

 
Cuando era más joven nunca me decanté por Alemania a pesar de tener vuelo directo Jerez – Frankfurt porque el idioma me asustaba, y ahora no encuentro el momento de volver. Me gusta porque es el país que más veces se ha reinventado a sí mismo demostrando que nada puede con ellos, con una habilidad envidiable para dejar atrás su pasado más reciente uniéndose para trabajar por su futuro.