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En parte por las pelis y series, y en parte porque mi padre vivió en San Francisco durante su juventud, y no tener un sólo recuerdo de él me ha hecho crecer creando vínculos por mí misma, Estados Unidos siempre fue la meta de mi vida.

Digamos que mi “sueño americano” era vivir una experiencia que me acercase más a mi idolatrado padre que tan joven falleció.

No sabía cómo lo iba a hacer, no tenía un plan, me daba igual si durante el instituto o la facultad, pero todo se dio rodado en 2003, con apenas 22 años portando una mochila de Hello Kitty y una camiseta de las Súpernenas (😂)

Me fui de Jerez a Madrid en bus, optando el de las 00h para estar en destino a las 7h. El vuelo salía al mediodía, pero tratándose de mi primer viaje sola por el mundo, quería ir con tiempo de sobra para llegar al aeropuerto.

 

Estación de autobús de Jerez


Era mi segundo vuelo en toda mi vida. El primero fue a los 13 años a Gran Canaria, pero iba con mi madre, claro.

Llegué y fui dando palos de ciego por aquella T4 hasta que facturé mi maleta. Pasé tantas horas allí que me hice amiga de dos chicas mexicanas que estudiaban en Madrid y volaban al DF.

Tuve tiempo de descubrir el Duty Free y salir con perfecto maquillaje digno de alfombra roja de uno de ellos.

Cuando por fin llegó el momento de embarcar, actué cual Vicente, allá donde fuera la gente. Qué pipiola era. Y pensar que a esa edad mi madre ya estaba casada… Yo era muy chica (creo que lo sigo siendo y tengo 37… 😂)

En el avión me dejaron permanecer en los asientos centrales para dormir estirada ya que algunos iban vacíos. Nunca había visto un avión tan grande, ni lo he vuelto a ver (especialmente porque desde entonces, excepto un vuelo con Iberia, los demás han sido todos low cost y continentales)

Descubrí que llamando al timbre, me traían pretzel gratuitamente, así que me comporté cual Pepe vente pa Alemania (🙈)

La primera conexión fue Madrid – Atlanta (Georgia). 10 horas de vuelo entre pecho y espalda para darme cuenta de que tenía sed después de tanta galletita salada y me dije “voy a preguntar dónde hay un cajero automático”. En ese mismo instante me di cuenta de que mi sobresaliente en inglés de COU no valía para nada. El “where can I find a…” me salió muy bien, pero lo de “cajero” no lo dimos en las clases con el hermano Olimpio. Ahí me entró un poquito de vértigo, pero bueno, al intentar explicarle al chico de McDonald´s “una caja para conseguir dinero” me entendió y vi en grande “ATM”. Mi primer concepto aprendido in situ y mis primeros dólares en mano.

Recuerdo que llegué a pensar que no podía saber si eran falsos porque nunca antes los había visto. Las cosas que piensa una de joven sin reparar en que si te lo da un cajero… Total. Estaba lista para coger mi segundo vuelo que me llevaría de Atlanta, capital del estado de Georgia, a Houston, Texas.

Dos horas más de vuelo. Sabía que una vez saliera del avión, debía buscarme el modo de llegar a la estación de autobuses para coger uno de la compañía Greyhound, que reconocería por tener un galgo en el logo.

Por primera vez en mi vida, probé un taxi minivan para 8 personas. Eso de compartir taxi con más gente era algo totalmente nuevo para mí.

Una vez en la estación, busqué el autobús que me llevaría a Arkadelphia, en el estado de Arkansas. Allí estaba la familia que me hospedaba.

Tardé 12h en llegar. Recuerdo que estaba dormida cuando oí por el micro decir al conductor en inglés “¿La señorita que iba a Arkadelphia?”. Abrí los ojos y estaba amaneciendo. Me dejó en medio de la nada, de una carretera ancha y muy larga con una gasolinera y un McDonald´s. Sabía que allí me recogerían, lo que no me esperaba es que estuviese abierto al amanecer así que entré, me compré una Cocacola Light, y esperé a que llegase algún miembro de la familia Weeks.

Cuando por fin apareció la señora Weeks, Debra, me sorprendió lo joven que era. No podía ser ni mi madre, pero tenía hijos que no podrían ser hijos míos por la edad.

Pronto vi que allí la gente vive muy rápido y que preguntar si tenía hijos era algo muy normal cuando yo pensaba que no tenía edad de ello.

Mi estancia en el estado de Arkansas duró 3 semanas: una entrevista en la universidad baptista de Ouachita, otra para hacer prácticas en un banco de cajera y ver el tiempo pasar en cámara lenta.

 

Arkadelphia


Vivía en un condado donde la venta de alcohol estaba prohibida, que no su consumo, así que la licorería que había en la frontera con el siguiente condado hacía el agosto cada viernes noche.

Aunque en la entrada sobre Noruega podéis leer mi exaltación a la naturaleza, a mis 22 años que el río Ouachita que atravesaba los estados de Louisiana y Arkansas fuese el 25º más extenso de todos los Estados Unidos de América, no sólo no me impresionaba, sino que me ponía de los nervios no tener nada que hacer allí.

A las 3 semanas la familia de un conocido de la base de Rota me daba asilo estatal en Fort Worth, Texas. Otras 12h en autocar para el sur.

 

Arkadelphia


Creo que haber tenido la oportunidad de trabajar en una discográfica es una de esas cosas que sólo pasan en un país así. Aunque al final acabé trabajando de recepcionista en un restaurante italiano porque se ganaba más, pero lejos de querer contaros mi tentación capitalista, prefiero centrarme en cómo afecta, se desarrolla, cambia la vida de una joven trabajando en un tipo de empresa que bajo ningún concepto es algo imaginable en su Jerez natal.

 

“Cowtown”, en Fort Worth


Seguía aprendiendo inglés a pasos agigantados, porque no tenía más remedio, pero no quita que metiese la pata varias veces como aquella ocasión en la que no había mucho personal y se nos había llenado el restaurante y me puse a coger comandas.

Teníamos tacos fuera de carta (sí, ya sé que era un italiano, pero era un italiano en Texas), y apunté claramente “BEEF TACO” en mi nota.

Cuando se lo serví tan pancha a la cliente hindú se le cambió la cara. Hay una clara diferencia entre los fonemas de “FISH” a los de “BEEF”, además de que el pescado y la ternera no se parecen en nada, imaginad la sensación de aquella mujer hindú vistiendo su sari y con su bindi pintado en rojo en el sexto chakra mientras me atravesaba con la mirada porque le había hecho ingerir un animal sagrado para su religión.

Sobra decir que me echaron ese mismo día.

Así me repito diciendo que aprendí inglés porque conveniente que lo hiciera cuanto antes, mejor.

 

Tatuaje hecho en “Young Guns”, Fort Worth 


Pude hacer pequeños viajes por los alrededores como Dallas, ver la plaza Dealey donde asesinaron al presidente Kennedy, San Angelo, Houston, Galveston (antes del Katrina que lo arrasó por completo), la NASA… y conocer la hospitalidad sureña en su más amplio sentido.

 

Bahía de Galveston

 

He de decir que para ellos yo resultaba antipática, ya que es normal y protocolario mantener una pequeña conversación sobre qué tal estás, cómo te va, cómo están tus padres… y yo iba directa al grano y pasaba de memeces. Pero bueno, cada cultura tiene su aquél.

 

Con mi amiga Michelle y mi compañero Jeff en Houston


Seguí con mi pequeño trabajo en la discográfica Knu Soul hasta que decidí volver a España. 9 meses de periplo americano fueron suficientes para tener la experiencia ultramar (que no he vuelto a repetir) aunque me traje muy buenos amigos con los que sigo en contacto después de 15 años.

 

Con mi amiga Mary en Dallas


Especialmente mi Mary, Michelle, Jo y Melody; y por supuesto Teresa, madre de éstas tres últimas y que nos dejó hace un par de años. Siempre le estaré agradecida por lo bien que cuidó de mí cuando estuve en su casa de Houston durante 8 días.

 

Con Teresa Arispe, Meldoy y Jo Salazar en un festival de música tejana, Houston


El viaje de vuelta lo hice a través de Dallas – Nueva York, y esa misma tarde hice Nueva York – Madrid.

Recuerdo que fueron 22h de aeropuerto en total. Una barbaridad. A los dos días de mi llegada a España, se casó S.A.R. el príncipe Felipe, todo un revuelo. Yo ni siquiera sabía quién era la novia…

De EEUU me traje un idioma que me cambió la vida para siempre, pues gracias a él he podido trabajar los últimos 14 años como guía de turismo, un tatuaje y un valor para enfrentarme a cualquier cosa en la vida, pues desde seguir viajando sola, hasta no temer los cambios de trabajo, de empresa, de casa, de país… me lo dio haberme visto tan joven plantándole cara a la vida en el extranjero

Con la camiseta de los Dallas Cowboys en Billy Bob´s, Fort Worth