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Sin duda, atravesar el Estrecho es el mayor choque cultural que se puede hacer en cuanto a tiempo (35 minutos) y espacio (14 km) desde la punta de Europa.

Y por supuesto todo el romanticismo literato de las mil y una noches (aunque ninguna de las historias de Sherezade sucediera  en Marruecos) y ni que decir de al Andalus, hizo que me atrajese el vecino país desde que tenía 11 años.
Llevaba años recopilando folletos de viajes a Marruecos en las agencias de viajes, ya conté en la entrada #MiLondres que el destino original era Tánger aquella primera vez en la capital del mundo, y por fin en 2008 se hizo realidad aquel sueño que tanto tiempo llevaba alimentando.
Una escapada con Luxotour de 3 días y 2 noches en Tánger: por 90€/persona te incluía el ferry ida y vuelta desde Tarifa, los traslados puerto /hotel/ puerto y la habitación doble en régimen A + D. Chollazo. A fin de cuentas pretendía entablar una primera toma de contacto.
Allá me fui en diciembre y todo lo que diga es poco. Incluso con todas las expectativas que llevaba, el tiempo que hacía que llevaba cavilando al respecto, las revistas de viajes que me había leído al respecto… Todo se quedó en nada porque la realidad superó infinitamente la idea que llevaba. Qué maravilla.
Los olores, los sonidos, la gente, los colores, el idioma, los edificios, los vehículos… todo me llamaba la atención.
           
Me hospedé en el hotel Chellah (3*) ubicado en la zona céntrica de la ciudad, pero fuera del casco histórico. Podía ir caminando hacia los puntos de mayor interés y había mucha vida durante todo el día y noche.
El primer día lo dediqué a visitar la medina (casco histórico) Fue alucinante.
Las calles estrechas, laberínticas, cuesta arriba, con escalones, cuesta abajo… era una maravilla. Las puertas abiertas, el sonido de las cocinas, los olores, los lugareños charlando, los niños corriendo… Hay tiendecitas en cualquier rincón, en cualquier habitáculo abierto hacia el exterior vendiendo de todo. Desde chicles y refrescos, hasta libros, tortas de pan, azulejos…
Por supuesto en las calles principales del zoco están los grandes bazares: decoración, ropa, zapatos, bolsos… Y ni que decir tiene el mercado: carnes, pescados, fruta…
 
 
  
Mi agente de viajes me había hecho unas recomendaciones sobre dónde comer, así que el almuerzo lo hice en el restaurante Kasbah, en medio de la medina, y la cena en Saveur de Poison, también conocido como “El Popeye”. Menú de 10€ en el primero y de 15€ en el segundo. En el Kasbah descubrí la sopa harira, la pastela   y el primer tajine de mi vida, y en el segundo degusté el mejor rodaballo que he probado en mi vida. Eso sí, cuando el camarero me dio mis opciones de bebida (agua o zumo de arándanos), le dije “prefiero vino blanco” mientras señalaba a un gran recipiente con líquido ámbar. Me contestó “eso es el agua” y no supe dónde meterme. Pedí el zumo, aunque no me gustase 
El pescado estaba espectacular y la sopa harira que me pusieron de primero, también.
La parte negativa sería que hay que atravesar la cocina para ir al baño, pero es mejor no pensar en esas cosas para vivir la experiencia, sino, mejor se queda  una en casa.
Me pasó exactamente igual con el fregado. Yo estaba sentada muy cerca de la cocina, y podía oír cómo fregaban. Era fácil visualizarlo: sonido de chorro de agua, sonido de la madera de las cucharas de palo que iban amontonando. Un segundo transcurría desde que las cogían, hasta que las lanzaban al montón. Dudé durante un milisegundo si seguir comiendo debido a lo altamente escrupulosa que soy, pero ese milisegundo cambió mi vida: decidí no ser escrupulosa en Marruecos y aprendí a vivir 100% ese país vecino que tanto me apasiona. A fin de cuentas me había metido en un sitio auténtico a las puertas de la medina. Tan fácil como quedarme a cenar en el hotel y asunto resuelto, pero no es lo que busco cuando viajo.
Al día siguiente volví a la medina para visitar el museo de la Kasbah (antiguo palacio del gobernador: Dar al-Makhzen o Dar al-Sultan) El palacio es del siglo XVIII y el museo se instauró en 1922. Alberga una colección de artículos artesanales que abarcan desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna de Marruecos, armas y jaeces del siglo XVIII, una gran sección de arqueología de época mauritana y su emblemático rey Juba II, y se puede admirar una moneda con la grabación ‘rex Juba’, en una cara en latín y en la otra cara en griego. Se puede contemplar también la ‘Navegación de Venus’ en un magnífico mosaico hallado en Volubilis (donde aún no he bajado), manuscritos y enseres para la escritura, y sin duda, para mí, el gran interés es la inscripción en zellij con letras negras sobre fondo blanco que se encuentra en al-Qubba Lakbira (la gran cúpula) así como la reproducción del mapa realizado por el viajero ceutí al Idrissi (siglo XI) bajo petición de Roger II de Sicilia y donde aparece por primera vez el nombre SHARISH (Jerez )
 
 
 
Volví a almorzar en el restaurante Kasbah, repitiendo la sopa harira, la pastela, pero cambiando de tajine, 
La tarde la dediqué a comprar algunas cosas por la medina, riéndome con los comerciantes porque soy la persona más nula para regatear, pero ellos intentaban enseñarme, incluso diciéndome qué precio debía contestarles (parece ser que debes decirles la mitad de lo que ellos hayan dicho, y así ellos suben un tercio, tú subes un poco más de esa mitad y os quedáis a la mitad de esos dos últimos precios)
 
Esa noche cené en el restaurante Miami, que ya no existe, por todo lo alto. Los camareros hablaban cualquier idioma perfectamente, te servían lito en el brazo, y la cocina era espectacular. Allí probé por primera vez el vino marroquí (la cultura vitivinícola fue establecida durante la ocupación francesa  desde 1912 a 1956), concretamente el de la región de Berkan (aunque hay 12 regiones distribuidas por todo el país)
Todo lo que pueda decir positivo de este restaurante es poco, me dio mucha pena que lo quitasen con la reforma del paseo marítimo y el puerto. La cena costó 30€/persona. Eso es una pequeña fortuna allí.
 
Mi tercer día cogí un taxi pactando un precio de 10€ y me fui al Cabo Espartel, a las cuevas de Hércules (antes de su reforma, donde me guió un hombre ciego, detalle que no supe hasta el final) y a la parada de camellos para montarme en uno. Volví a la medina para almorzar, y escogí un restaurante llamado Mamounia donde sirven el menú por 15€ a base de sopa harira, pastela y cous cous de pollo, amenizado por músicos.
   
Volví a Jerez alucinando por todo lo que había visto a apenas 1h30 de mi casa.
Tanto que volví 2 años después, en 2010, para 4 días y 3 noches. Nuevamente compré el paquete de Luxotour, me volví a quedar en el Chellah (tiene el mejor desayuno de la ciudad) y contraté dos excursiones al propio touroperador.
El primer día visité Tánger, su medina, almorcé en el restaurante Kasbah, hice compras y visité la zona de la plaza 9 de Abril. Aparte de las tiendecitas y pastelerías, recomiendo pasar por el Cinema Rif. Data de la mitad del siglo pasado, y permaneció cerrado durante décadas. A punto de caer en manos de una franquicia extranjera de supermercados, renació en 2007 abriendo sus puertas como la sede  de la Cinemateca de Tánger,  y donde podéis tomar un café o té. Al salir, fijaos si en la Galería de Arte Delacroix hay alguna expo porque yo he salido gratamente sorprendida de allí cada vez que ha coincidido. En la acera de enfrente, disfruté de un Martini en el patio del hotel Minzah, y cuanto menos me sentí como en la peli Casablanca (10€/copa)
Por la tarde estuve por la zona colindante al hotel, donde encontré un mercadillo sin turistas, donde los propios tangerinos compraban sus cosas (cremas, incienso, perfumes…)
 
Al día siguiente, me esperaba en la puerta del hotel una minivan de 9 plazas para irme a Assilah, el pueblo pesquero de la costa atlántica con tanto encanto.
Por sólo 15€/persona, tenía el traslado, la visita guiada por el pueblo y un de paradas en puntos de fotografía.
Almorcé en el restaurante Dar Al Maghrebia un surtido de pescado frito buenísimo, hice compras en la pequeña medina, hice muchísimas fotos, y volví al punto de
encuentro para volver a Tánger. Está sólo a media hora.
   
 
Esa noche me fui por el paseo marítimo paseando. De todos modos los taxis azules (Petit taxi) tienen taxímetro y suele costar céntimos, pero el paseo merece
la pena. Cené en un restaurante en la misma calle del hotel, Restaurant Annajma II, más pescado. Sin duda fue el descubrimiento del país para mí.
 
A la mañana siguiente, me esperaba nuevamente la minivan para ir a Chefchauen, la perla azul de las montañas del Rif, por 20€/persona, incluyendo lo mismo 
que el día anterior pero a 2h30 cada trayecto. Aún así, mereció la pena con creces. 
Es un pueblo hermanado con Vejer de la Frontera, con el que guarda un gran parecido y claro, en la visita guiada nos contaron la leyenda del origen de ese parecido, 
remontándose al emir marroquí Sidi Ali Ben Rachid, que se casó con una vejeriega llamada Zhora y fueron expulsados tras la conquista cristiana estableciéndose en un pueblo beréber situado en la ladera de esta montaña. Impulsado por el amor que sentía por Zhora que había sucumido en una enorme tristeza por el exilio, decidió recrear ese lugar donde se habían conocido y donde habían sido tan felices. Legendario pero precioso. Todas las chicas de la excursión soltamos un “oohh” con ojillos románticos.
 
   
       
     
 
 
Comí en Dar Gabriel y me fui a dar un paseo por libre para visitar el alcázar. A la hora acordada, volví al punto de encuentro y volví a Tánger. Esa noche cené en el restaurante Miami y pedí un vino de la región de Meknes. Espectacular. Se acababa de convertir en mi vino favorito del país (Sauvignon Blanc).
 
Mi último día, se lo dediqué a Tánger con tranquilidad: paseos, fotos, recuerdos, visité la necrópolis Púnico-Romana de Marchan, que consta de 98 tumbas de las cuales, más de 50 fueron talladas en forma de arcón directamente sobre la roca. Los objetos que se hallaron están expuestos en el museo (sarcófagos de plomo, restos de un niño en una urna, un pequeño jarrón de cristal, fragmentos de una pequeña estatua…).  La fase final se remonta a finales del siglo IV dC., y se extiende por la calle Ibn al-Abbar  donde 28 tumbas excavadas en la roca han sido exhumadas. Una vez allí, no podía perderme el café más antiguo de la ciudad: Haffa
Al llegar a Tarifa estaban cayendo rayos y centellas y el coche había desaparecido. Eran las 22h, un domingo, ni un alma. Entré en un bar y nadie sabía nada. Me
dieron el número del taxi para que me acercase a la comisaría y efectivamente, el coche estaba en el depósito. No leí la señal que ponía que los martes había mercadillo
en aquella calle y no estaba permitido estacionar. En fin, pagué la multa felizmente porque lo había recuperado.
 
Pasarían 4 años hasta que volviese a mi país de fantasía. Fue justo cuando iba a abrir mi tienda en el Zoco de Jerez. El viaje se puede considerar de negocios ya que 
compré allí el material que vendería posteriormente antes de hacerme con los proveedores en España (tuve la tienda durante 1 año)
Volví a contar con Luxotour para un viaje de 3 días y 2 noches. Al llegar el viernes por la mañana, no pude hacer mucho ya que para los musulmanes es su día de rezo 
(Shahada), y está prácticamente todo cerrado hasta el mediodía. 
Aproveché y me fui al Instituto Cervantes buscando una serie de publicaciones que en la Bilbioteca de Jerez no había sobre los Benimerines. 
Además de la medina (y comer en el restaurante Kasbah, donde ya han subido el menú a 12€), me acerqué en taxi al mercado de Casabarata, que desconocía. Todo
un hallazgo. Eso sí, por aquella zona no hablan español, todo en francés.
 
Esa noche volví a cenar en Restaurant Annajma II, cerca del hotel.
El sábado por la mañana cogí un taxi hasta la estación de autobuses y por sólo 1,80€ ida y vuelta, me fui a Tetuán. Todo esto me lo explicaron las recepcionistas
del hotel Chellah.
En sólo 1h, estaba en “La paloma blanca”, sobrenombre con el que se conoce esta ciudad a escasos kilómetros de Ceuta.
Hacía muchísimo frío, era febrero y me sorprendió porque las dos veces anteriores había ido en diciembre y siempre hizo buen tiempo.
Almorcé en un restaurante en la avenida Mohamed V llamado Birjiss donde pedí la sopa harira porque estaba muerta de frío (80 céntimos), una ensalada de queso
feta con pepino y tomate (1,50€) y un kebab (2€).
He de reconocer que el mercado de los sábados de Tetuán, es una de las mejores experiencias que he tenido en Marruecos. Me pareció una auténtica maravilla. 
Aparte, hay que contar con que la Medina de Tetuán es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO,por lo que la visita merece la pena haya mercado  o no. Sus casi 5km de muralla con sus 7 puertas, los barrios de la medina, ( incluido uno judio), cada uno con su mezquita, sus hamanes, sus fuentes, sus zocos o sus artesanos y el barrio de los curtidores, en la parte alta es imperdible, el cuartel de Regulares… Para mí Tetuán es una gran desconocida lo que la hace aún más atractiva ya que no hay apenas turismo.
 
Una vez en Tánger, fui a cenar al restaurante Miami, y al llegar al hotel casi a las 12 de la noche, me comunicaron que mi traslado vendría a recogerme a las 9am porque 
iban a cerrar el Estrecho debido a la tormenta que se avecinaba. Me llevé un gran chasco ya que quería dedicar el domingo a seguir realizando compras para mi tienda.
 
En 2015, ya con la agencia de turismo en pleno rendimiento, conocí otros proveedores de viaje a Marruecos y opté por FRS. Realicé varias excursiones de un día partiendo desde Jerez con una oferta que incluía el traslado, el ferry, el almuerzo en restaurante Hamadi y la visita guiada a diferencia que yo era la guía. 
Hice excursiones de 1 día y de fin de semana 6 veces. Guié a personas que no volví a ver, me fui un fin de semana con el comercial de la inmobiliaria a la que le alquilé el loft donde tenía mi oficina y su esposa, guié a una desconocida llamada Carolyn, que vino desde EEUU para hacer un viaje por el sur de España y con la que siempre estaré conectada por RRSS ya que ambas supusimos una llamada de atención para la otra (le debo haber reaccionado con la vida que estaba llevando de trabajo y dejando de viajar por mí misma)… Es lo que tienen los viajes y trabajar de guía o agente de viajes, que estás expuesta a reencontrarte contigo misma aunque sea a través de los demás por la cantidad de personas que conoces.
 
 
La última vez que estuve, fue una escapada de un fin de semana en noviembre de 2016. Contando con mi propia agencia y como proveedor FRS, me fui a Tánger a pasar 3 días y 2 noches. Para precio de público, sale a unos 80€/persona el ferry, traslado y hotel en régimen de A+D. He de reconocer que aunque sea el mismo hotel, he notado que con Luxotour las habitaciones que dan son de mejor calidad que las que dan con FRS. Supongo que el precio influye.
Llegué tarde, por lo que cené directamente en un restaurante italo-tangerino (son venecianos afincados en Tánger desde hace años)  que descubrí con el matrimonio jerezano con los que viajé el mes de marzo. Se llama Anna e Paolo y se come realmente bien. Choca que permitan fumar en los restaurantes y hoteles. Una ya está acostumbrada al espacio sin humos europeo, pero la comida es excelente, sirven vino y cerveza (no habitual en restaurantes tangerinos donde no se espera turismo) y el precio es más que asequible. 
        
 
El sábado lo pasé en la medina, volví al museo ya que había estado en reformas los últimos dos años, y pude deleitarme de nuevo por sólo 2€ de ese maravilloso palacio y sus piezas. 
Por supuesto fui a ver las localizaciones de la peli James Bond “Spectre” que se rodó en la ciudad, así como una calle concreta de la medina que aparece en “El Ultimátum de Bourne” (aparece una persecución en toda la medina, pero Matt Damon salta de una ventana a otra y el cámara detrás de él. Desde que vi el making off de la peli estaba antojada de volver y dar con ambos edificios )
 
Compré unas lámparas para las mesillas de noche y poco más. Salí del antojo de comer en un chiringuito de la plaza 9 de Abril cuyo camarero siempre me llamaba a voces pero nunca me fie del todo por el aspecto del lugar, pero he de reconocer que jamás he probado un kebab igual. Pedí también un plato de ensalada y otro de patatas y pagué 4€ en total.
Esa noche cené nuevamente en el Restaurant Annajma II pescadito frito.
El domingo lo pasé paseando por todo el paseo marítimo, la avenida Mohamed VI, hasta que llegó la hora de volver a España.
Os daréis cuenta que nunca he bajado del Rif. Tengo más que pendiente conocer las ciudades imperiales, el desierto… pero estoy tan enamorada del norte de Marruecos
que me da pena pisar el país y no disfrutar de mi medina tangerina.
Bueno, todo se andará, pero estoy deseando volver a Tánger 