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Si es que no se puede ser más friki… Si la peli Italian Job, de 2003 dirigida por Gary Gray y protagonizada por Mark Wahlberg, Charlize Theron, Edward Norton, Seth Green, Jason Statham, Mos Def y Donald Sutherland (remake de la original del 1969 con el gran Michael Caine), despertó un interés irracional en mí por Italia (y por los Mini Cooper), estar cursando Arte en 2005 me empujó directamente a la península itálica. Eso sí, no conocía a nadie con mi misma inquietud artística, así que me fui sola mochila al hombro.

Tenía clarísimo que mi motivo principal eran las obras de Miguel Ángel, así que organicé un itinerario acorde a mis intereses, reservé las habitaciones más baratas, por supuesto compartidas en su totalidad para que se ajustasen a mi presupuesto, me compré los vuelos y los distintos billetes de tren para moverme por el interior del país.

Llevaba sólo 5 meses trabajando de guía de turismo en la Real Escuela, así que no tenía vacaciones ya que habían ido dándome de baja y alta cada mes. Cogí la semana entera libre sin cobrar y me lancé con una mochila regalo de un amigo.

Con mis 24 añitos…

Sevilla – Milán fue el primer trayecto. Me hospedaba en el campus universitario local (Università degli Studi di Milano, UNIMI) en el pabellón de chicas, así que después de dejar la mochila en mi taquilla y demás, y me fui al centro en busca de la Catedral, allí, el duomo. Se considera que es de las iglesias católicas más grandes del mundo (caben 40.000 personas en su interior) y que sus ventanas del coro son las mayores que se conocen.

Catedral de Milán

Después de almorzar una focaccia para llevar por las calles Montenapoleone, la Via Sant Andrea, Via Monzani, y Via de la Spiga norte della Catedral, las más lujosas de la capital de Lombardía, mientras veía escaparates de Armani, Dolce & Gabanna, Ferragamo, Gucci, Prada, Valentino, Versace y Vuitton, me fui al castillo de los Sforza (Castello Sforzesco)

Castello Sforzesco

A día de hoy, incluye algunos museos y alberga importantes colecciones y en especial para mí, la última piedad de Miguel Ángel, inacabada.

Piedad Rondanini

Aparte de la obra, que era la primera que veía de mi admirado artista, el enclave me resultó inmejorable. Yo es que vi esos baluartes, entré por esa plaza de armas, y ya me había teletransportado al siglo XV.

Hasta me dejé llevar por el romanticismo del momento e imaginé que fuese cierta la leyenda sobre Catalina Sforza, subida a la muralla del castillo mientras los aliados de su difunto marido la asediaban y amenazaban con matar a sus hijos, y levantándose las faldas les gritó mientras les enseñaba sus partes íntimas: “¡Tengo el instrumento para hacer otros!”

Tremanda Paz Vega interpretando a Catalina Sforza en Los Borgia

Es que aún no había entrado en el grado de Geografía e Historia…

Tras darme un gran paseo por todas las instalaciones y que el taquillero me regalase un póster de la Piedad Rondanini, me  marché al alojamiento.

Mi tren hacia la Toscana salía al día siguiente a las 7am, de modo que me tocaba madrugar 1h antes. Tardé en llegar a Pisa 3h30.

La idea era visitar la plaza de los Milagros, todos los monumentos que la integran: El Duomo, la Torre inclinada de Pisa, (campanario de la catedral), el Baptisterio y el Campo Santo; el río Arno, dedicar ese almuerzo a la única comida sentada que pensaba hacer para probar la auténtica gastronomía italiana (el presupuesto no me daba para más), y coger el tren a las 19h para llegar a Florencia sobre las 20h.

 

Camposanto

Baptisterio

Baptisterio

 

 

 

 

 

Campanario

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegué a la estación de Florencia, en Santa María Novella dispuesta a dar con la oficina de turismo que había cerrado a la misma hora que yo llegué. Preguntando di con el autobús que debía llevarme a Bagno di Ripoli, el pueblecito donde se ubicaba mi alojamiento, un antiguo convento situado en una colina: Ostello del Bigallo.

Hay que pensar que hice todo esto sin un móvil con acceso a internet… Salvarme de ser una Millenial por 3 años me ha ayudado mucho a ser autosuficiente

Cuando llegué, el conductor me señaló hacia arriba y allí vi las lucecitas. Alcancé la cumbre a las 23h siguiendo aquel camino campo a través.

Tras acomodarme en mi habitación, compartida mixta con otras 4 personas, bajé a por algo de comida. En las cocinas vendían pasta congelada para hacer en el microondas por 4,50€.

A la mañana siguiente, estaba en planta a las 7. El desayuno tipo buffet estaba incluido y cuando volví a la habitación para organizar la mochila pequeña que llevaba para el día a día, vi que la habitación era una preciosidad. Las camas debían imitar a lo que hubo durante su pasado como celda: tablas de madera de pino con las sábanas blancas. Los ventanales abrían a las colinas toscanas y Florencia se veía allí abajo, con sus tejados, la imponente cúpula del Brunelleschi, la ciudad del Renacimiento.

Skyline de Florencia

Un compañero de habitación francés, Vincent, me preguntó por el horario de la Galería de la Academia. Él bajaba a Bagno di Ripoli para coger un bus hasta el centro, así que decidimos ir juntos.

Llegamos sobre las 8h30 y ya daba la vuelta a la manzana la cola que había. Tardamos 2h en pasar.

Una vez en el interior, dejando la mochila en la taquilla antes de pasarla por el escáner, los que no se han leído el plano del edificio le dan vueltas a la primera sala viendo bustos. Los que sí, pasan por la puerta de la izquierda al pasillo para dirigirse al final del hall, donde está el David. Ese gigante de más de 5m de altura y 5 toneladas y media de peso, esculpido en mármol blanco de Carrara a principios del siglo XVI y en el que Miguel Ángel empleó 2 años.

David

Se agolpan allí, sin reparar en los 6 proyectos de esclavos que estaban destinados a formar parte del sepulcro del Papa Julio II. Esta obra obsesionó a Miguel Ángel que, al considerarse escultor ante todo, sabía que el diseño de la tumba de un Papa le harían pasar a la eternidad. Este proyecto no llegó a acabarse. Bien por problemas económicos, bien por otros proyectos que se interponían, así como la Basílica de San Pedro o los frescos de la Capilla Sixtina, en la tumba del pontífice podemos ver hechos por Miguel Ángel, el Moisés, Lia y Raquel.

Sala de los esclavos

Al estar inacabados, da la sensación de que las figuras humanas quieren salir del mármol. Es inquietante y abrumador.

Una vez despierto el interés, allí está él. Allí lleva desde el siglo XIX, ya que originalmente se ubicó en la plaza de la Señoría.

Plaza de la Señoría

Al mediodía, decidimos comer unos trozos de pizza para llevar (mucho más económico que sentarse en la terraza a consumirlos) y seguir visitando la ciudad.

En el palacio Medici Riccardi, del siglo XV, pudimos admirar los frescos de la capilla de los Reyes Magos, el patio de las arcadas y sus salones.

El mercado que se forma alrededor merece un rato para imaginar cómo tuvo que ser esa vida fiorentina de mercaderes.

Al día siguiente, Vincent se marchaba, así que mientras bajábamos a Bagno di Ripoli para coger el bus, una señora paró con su coche ofreciéndose para llevarnos hasta la fuente donde estaba la parada. Jamás he hecho autostop, y de hecho puedo seguir considerando que así ha sido, pero sí que accedimos a montarnos y nos ahorró un trecho.

Me fui sola a ver el palacio Pitti, la residencia de los Medici a partir del siglo XVII, cuando le vendieron el anterior a la familia Riccardi. Cada uno está a un lado del río Arno. Pasé unas 4h en el palacio y sus jardines. Una auténtica maravilla.

Palacio Pitti

Tras comer unas chocolatinas, quise pasar por la galería Uffizi, pero una pareja española que estaba por allí me dijo que llevaba 4h en la cola, y a juzgar por lo que tenían por delante, aún le quedarían unas 2h más. Sintiéndolo mucho, tuve que suprimir a Botticelli de mi viaje, así que me dirigí a la casa Buonarroti, actualmente un museo con los bocetos y otros enseres de mi admirado artista.

Visité Santa María Novella, y paseé por la ciudad en mi última tarde, y por la ribera del río llegué al ponte Vecchio, imaginé cómo debió ser en su momento de mayor esplendor comercial. Cada dos por tres me giraba, admiraba los edificios, la gente, el idioma… Me arrepentí muchísimo de haber escogido sólo 2 días para Florencia.

Santa María Novella

Dediqué el día siguiente al Duomo y Baptisterio. La Catedral de Florencia es una auténtica maravilla por fuera, así que imaginad por dentro. Espectacular. Y creo que sobra cualquier tipo de descripción que pueda hacer de las puertas del Paraíso de Ghiberti. Es que Florencia es para verla en persona.

Catedral de Florencia

Puertas del Paraíso

 

 

 

 

 

 

 

Baptisterio

Cuando salí, seguí paseando por la ciudad que tanto me había enamorado, y por la tarde partí para Roma. Me dio mucha pena. No quería irme de Florencia. Sentía que me estaba perdiendo lo más bello que había visto nunca, y prometí volver.

Ponte Vecchio

Dejé la Toscana y en 1h30 ya estaba en la capital de Italia, en la región del Lacio.

Llegué a Roma de noche, con mucha gente por las calles, con muchos coches por todas partes, y encontrar el Roma Termini Colosseum donde dormiría en litera compartiendo habitación con otras 10 personas, no era precisamente una maravilla.

Allí estaban fumando, bebiendo, cantando, y no entendían que una iba expresamente a ver obras de arte.

A la mañana siguiente, tras un desayuno básico de sándwiches y zumo, me fui al Coliseo. Cuando ideé el viaje, aunque la base fuese Miguel Ángel, obviamente aproveché e incluí otro tipo de monumentos. No iba a perderme el Imperio Romano estando en Roma. Menuda tontería.

Ocupé casi todo el día entre el Coliseo y el Foro Imperial. Allí, conocí a una chica japonesa May, y decidimos irnos juntas a ver el circo de Massimo, el jardín botánico y la iglesia de Santa María in Cosmedin. Yo me había comido un sándwich durante el paseo por el foro.

Tras guardar la sempiterna cola para hacernos la foto de turno con el Oráculo de la Verdad, entramos en la iglesia. Una maravilla encontrar un edificio religioso en Roma sin turistas. ¿Os podéis creer que la gente se hace la foto en el porche y se marcha?

He de reconocer que 2 años después, mientras me leía El Último Catón, esbocé una sonrisa cuando hacen referencia a esa iglesia diciendo exactamente lo mismo.

Me despedí de mi compañera por un día y me fui al hostal. Aquello era una fiesta y su responsable, un argentino, no parecía importarle, de hecho, formaba parte de la fiesta.

Al día siguiente me fui al Vaticano. La plaza de San Pedro, la basílica, los museos… Una auténtica maravilla: la Piedad, la Capilla Sixtina… y mi Juicio Final. A ese mural fue al que le dediqué más tiempo. Qué maravilla.

 

También vi la Escuela de Atenas, de Rafael, y se me saltaron las lágrimas. ¡Qué colores!

Una vez salí del Vaticano, cogí un bus y me fui a San Pietro in Vincoli, a ver el mausoleo del Papa Julio II. La pintura de Miguel Ángel es una maravilla, pero cuando estás delante de una de sus esculturas, comprendes por qué se consideraba escultor y no pintor. Incluso por qué estaba tan enfadado por el encargo de la Capilla Sixtina que no le hacía mucho chiste realizar.

La plaza de España, la plaza Navona, la fontana de Trevi… una maravilla de paseo.

 

El tercer día lo dediqué a visitar en Panteón de Agrippa y pasear por la ribera del río Tíber por el lado del Trastévere. Qué maravilla de barrio.

Mi vuelo salía la mañana siguiente a las 6, de modo que no cogí una noche más de hotel porque apenas iba a dormir. Estuve dando vueltas con mi mochila hasta bien tarde, cené en un McDonald´s y con el Euro que me sobró, cogí el bus para irme al aeropuerto y dormir allí hasta que abriesen el mostrador de facturación.

Menos mal que me recogían en el aeropuerto de Sevilla… Tres años más tarde volví con la beca Erasmus + para hacer mis prácticas de empresa en la región de Veneto, pero ésa, es ya otra historia 😉