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Llevo un mes y medio sin escribir en el blog, además de porque ya estamos en plena temporada en Jerez y esta guía de turismo está a tope, porque hace no mucho leí a un blogger de viajes precisamente hablar de la hipocresía de imponer el viaje como modo de aprendizaje, de superación, hasta de intelectualidad. ¿Y qué pasa con quien no se lo pueda permitir? ¿Acaso me convierte en mejor conversadora haber visitado 8 países aparte del mío? Mi amiga Olivia ha visitado el triple de países que yo y me increpa porque siendo europea, dice que lo tengo más fácil por proximidad. Mi madre ha ido a Portugal. No considero a unos más interesantes que otros por la diversidad de marcas en su mapamundi.

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De mis 8 países, he visitado 5 veces Gran Bretaña, 2 veces Italia, 9 veces Marruecos y Portugal… ni llevo la cuenta. Con lo cual no es que no viaje, es que cuando me gusta mucho un lugar, repito para conocerlo más a fondo. El resto son EEUU durante 1 año, Francia por 8 días, Malta durante 5 días, y Noruega por 11 días.

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Pero insisto en que no me convierte en una persona más interesante que alguien que no haya salido en su vida de Guadalcacín.

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Creo que hay una corriente que impone el hecho de viajar hasta el punto de conseguir que quien no lo hace, se sienta un poco desfasado, fuera de órbita, casi sin tema de conversación cuando es el tercero en discordia en un encuentro de amigos que han ido al mismo paraíso terrenal cada uno por su cuenta, en dos momentos distintos, y se ponen a comparar, a intercambiar impresiones… sin importarle que el que no se lo puede permitir, el que no siente ese impulso, el que es feliz tal y como está y donde está no pueda participar en la tertulia.

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Recuerdo que a mi restaurante solía venir semanalmente un grupo de senderistas súper flipados de las alturas, las dificultades del camino, las botas nuevas del Decathlon, las vías ferratas y los viajes en general. Eran 10. Una de ellas acababa de volver de Japón y mientras intentaba contar su experiencia, que se basaba en acompañar a su marido a un viaje de negocios el cual ella aprovechó para hacer algo de turismo, otra de las integrantes se dedicaba a interrumpir cada dos por tres exclamando “¡Pero cómo vas a Kyoto y no visitas el santuario Fushimi Inari!” La otra pobre intentaba explicar la falta de tiempo. Yo me preguntaba si esa mujer había reparado en aquella infinidad de toris antes de ver la peli Memorias de una Geisha, pero bueno, ella se sentía más viajera que turista y estaba orgullosa de ello.

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Como guía de turismo es obvio que prefiero trabajar con personas que te prestan atención y no con los que van a hacer la foto y pasan de ti, pero de ahí a hacer campaña contra los que gustan de ir en autocar, con uno de nosotros contándole lo que van viendo mientras echan una cabezadita, o los cruceristas que llevan 7 países en una semana y que van cual borreguillos corriendo a las excursiones, o los montañistas que viven para sumar ochomiles, o los VIP´s que sólo quieren ir a tiendas de lujo y comer por todo lo alto…

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Incluso parece casi embarazoso a la hora de hablar con un viajero de profesión decir el tiempo que has estado en cada lugar. Recuerdo que algunos compañeros de trabajo en Londres me decían “yo he estado 6 meses viajando por América”. Cuando hablas de un destino la pregunta siempre es “¿cuánto tiempo estuviste?” Yo nunca he estado en paro, no tenía más remedio que usar mis vacaciones pagadas para viajar, pero en absoluto he querido nunca gastar los 15 días por un lado y los otros 16 por otro en su totalidad. Me gusta mi tierra, descansar, quedar con los amigos, acercarme a Sevilla a ver a mi familia paterna… Llamadme loca por no emplear los 31 días por ahí.

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He sido mochilera solitaria, he ido de acampada, he tenido beca de estudios en el extranjero, he viajado en pareja a lo low cost, cuando se pagaron los intereses de la hipoteca lo celebramos viajando a Portugal sin contemplaciones, he viajado por trabajo, he cambiado los planes en Londres porque estaba de lujo almorzando en un restaurante y decidí seguir allí toda la tarde (algo conocido como #SlowTravel), y en 3 meses voy a atravesar Europa en coche con mi novio y lo que podríamos hacer en 4 días, lo vamos a hacer en 10 para aprovechar el viaje. En la vida todo es según las circunstancias.

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En lo que a viajes se refiere, considero que deberíamos parar de alardear de algo que es un lujo, da igual que seas mochilero, sigue siendo un lujo. De hecho puede simplemente no gustar viajar de ese modo. Una persona debe ser libre de elegir gastarse su dinero en lo que le dé la gana, en tomarse unos vinos en un tabanco si quiere, en no gastar nada, en no poder gastar, en querer ahorrar, y no porque hayas estado delante del David de Miguel Ángel dos veces eres mejor, o más interesante, o más culto… Si ésa es tu idea de intelectualidad, eres bastante pobre.

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Conozco a personas a las que les puedo contar cómo es el Blue Lagoon de Malta, otras a las que no le importa porque son más de cascos urbanos. Conozco a personas a las que les puedo contar cómo es la medina de Tánger, y conozco a personas con las que puedo hablar de literatura, de música, de cine, de videojuegos, de vinos de Jerez – Xérès – Sherry, de diseño de ropa independiente… Porque hay vida más allá de los viajes. Porque no todos se lo pueden permitir. Porque no nos puede interesar lo mismo a todos.

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En resumen, parece que todo influencer hoy en día se basa en fotos en sitios espectaculares, que yo las subo sin serlo ni de lejos, pero curiosamente la foto que más repercusión ha tenido en cualquiera de mis RRSS ha sido una que me hice en la plaza de abastos de Jerez. ¿Hay algo más de mi tierra?

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