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#NorwegianExperience ha sido mi hashtag durante mi periplo de 11 días por el país nórdico ¿pero, para qué? Pues básicamente para agrupar mis publicaciones en redes.

No es que tenga muchos seguidores ni nada por el estilo, pero si alguien da con el hasthag, podrá observar de una sentada cada imagen en caso de estar buscando una aventura escandinava 🌄

Desde que salí del aeropuerto de Málaga (tras 3h de camino en coche desde mi Jerez natal), fui ilustrando en Facebook e Instagram mis peripecias mientras esperaba el avión que me iba a tener 4h30 en el aire, hasta que llegué a la 1h30 am a Oslo (el retraso de 1h de mi vuelo debido al temporal Emma en España, hizo que me encontrase sin transporte público ya que el último servicio de tren era a medianoche. La opción de taxi era cada vez más tangible y los 80€ que iba a costar me preocupaba enormemente, hasta que vi el bus de la aerolínea y allí me encaje por 20€)

Sólo hacía -8ºC…

Le pregunté al vendedor de tickets dónde debía bajarme para ir al P-Hotel, y claro, por muy buen inglés que hablase, el nombre de la parada estaba en noruego, así que me senté en el primer asiento y le mandé un WhatsApp a mi novio que me estaba esperando (claro, a eso había ido a Noruega, a verle) “David, pon Google Maps y busca algo entre el aeropuerto y el hotel que suene a /bastar/” A los 30 segundos me respondió “¿Será ^bussterminal^?” Y así di con mi parada.

Al día siguiente fuimos a ver el Palacio Real (por fuera), a hacernos fotos chorras con el guardia (éstos sí posan, no como los ingleses que ni se inmutan) y por supuesto a ver la Galería Nacional. Probablemente haya sido la mejor sorpresa en cuanto a museos de mi vida, porque tenía claro que iba a ver El Grito de Munch, pero me encontré con una multitud de obras de finales del s. XIX y principios del XX de artistas como Picasso, Gauguin, Cezanne…

Paseo por el fiordo de Oslo al atardecer y mucha vida en pubs y restaurantes. Me sorprende que con tanto frío la gente tenga la misma alegría que en Cádiz. Fue curioso encontrar patrullas de vecinos que se dedican a hacer guardia por las calles con chalecos naranjas por si algún borrachín se echa la siesta en un banco. Podría morir congelado, así que ellos se encargan de que eso no suceda y todo el mundo llegue a su punto de destino.

 

Ya el domingo, mi último día en Oslo, fuimos a ver la fortaleza de Akershus, que alberga el Museo de la Resistencia de la IIGM. Es alucinante ver semejante castillo nevado con el fiordo de Oslo limítrofe por la cara

Conseguí dar con las únicas dos tiendas de souvenirs abiertas en domingo, me pertreché de imanes y nos fuimos a comer al Friday´s.

 

No deja de sorprender el nivel de vida noruego, ya que almorzar en esta franquicia que te puedes encontrar por cualquier ciudad medianamente grandecita en España nos salió por más de 90€. David no se inmutó, así que supuse que era el precio normal.
Ahí comprendí por qué cuando empezamos a salir hace tres meses me llevó hasta 4 veces a mis dos restaurantes favoritos de Jerez. ¡Cómo puede costar El Bichero o A Mar igual que un Friday´s! ¡Un Friday´s!

Cogimos el vuelo a Haugesund a las 21h, pero esta vez era sólo 1h de camino. Lo malo fue que me llevé una impresión de desolación y despoblamiento de esta pequeña ciudad costera. Ya me lo habían advertido los amigos de David, pero albergaba la esperanza de que fuese un pueblo pequeño pero encantador.

Menos mal que a la mañana siguiente pude comprobar que yo estaba en lo cierto. Pintoresco, nevado y/o congelado, pero una preciosidad.

El lago junto a la casa, Skeisvatnet, estaba completamente congelado. Incluso se podía patinar sobre él (no lo probé, pero vi el rastro de las cuchillas). Tienen una plataforma de unos 7m desde la que se lanzan los lugareños en verano… Verano dicen.

Es gratificante ver un país donde no existe el paro. Triste que españoles tengan que irse al mismo tiempo, pero al menos tienen dónde ir. Un país con derechos (de los que se cumplen), libertad, facilidades… ¡hasta se atreven con la conciliación familiar! ¡De hombres y mujeres! Una auténtica irreverencia por estos lares españoles.

He pasado la semana laboral dando vueltecitas por el pueblo y yendo a la compra (ese vídeo viral de un tipo metiendo botellas de plástico y latas de cerveza en una máquina que te devuelve dinero no es cierto del todo, previamente has pagado por ese plástico casi 2€ – o sea, que una botella de Coca Cola cuesta 3,50€ porque luego te devuelven 2€ – Es un modo de hacer que todo el mundo recicle sí, o sí)

Ya el viernes por la tarde pudimos acercarnos al poblado vikingo, sí, Haugesund es la cepa de los reyes vikingos. Ahora no hay representaciones, lo dejan para primavera cuando llegan los grandes cruceros por los fiordos, pero aún así tiene mucho encanto: Karmoy, Bukkoy… son pequeñas islas conectadas por puentecitos que convierten el paseo en una maravilla en plena naturaleza.

Tras una pequeña siesta al calor de la chimenea (sí, suena a peli ñoña pero es que apetece, no subimos de los 0ºC), nos fuimos de fiesta al paseo marítimo. Copas de vino blanco de la casa a l2€ (😅)

 

Menos mal que la música ochentera y ver a una malagueña poniendo las copas, causó distracción (¡Yo ni siquiera había oído hablar de Haugesund antes y me encuentro a una familia malagueña aquí!)

El sábado fuimos de excursión a Odda. Un pequeño pueblo un poco más al norte que parecía sacado de una postal navideña. ¡Los barcos estaban encallados por el hielo!

 

                 

Almorzamos en uno de los dos restaurantes que había, llamado Smeltehuset y pedimos trucha salvaje (E X Q U I S I T A). Esta vez sólo pagamos 65€ (😆). Aquí sólo pedí Fanta porque estaba resacosa. Bastante

De regreso, pudimos pasar por las congeladas cataratas de Latefossen y Langfossen, y caminar sobre el lago congelado (con un poquito de vértigo, la verdad, una ve películas)

El domingo estaba reservado para irnos a Stavanger. Aparte de ser la ciudad más próxima de mayor tamaño, allí vive el amigo que se llevó a David a trabajar (jerezano) y su familia (noruega).

Aunque parezca increíble, echamos 2h en recorrer 77km. La topografía y la red de carreteras no ayuda. Tuvimos que pasar dos túneles bajo el nivel del mar y coger un ferry para llegar, pero mereció la pena.

La primera parada fue el Museo del Petróleo. Sí, a mí también me sonó a rollo pero es una instalación con mega estructuras de Lego y algunos restos reales de barcos, plataformas o incluso un submarino.
¿Sabíais que la primera vez que encontraron petróleo en Noruega sacaron tal cantidad que el fondo marino se hundió 6m? Vale, no es como ver las obras de Munch o Gauguin, pero me pareció un dato increíblemente curioso. Ahora le inyectan agua para que eso no ocurra.

El plan era que David y yo paseáramos por el centro antiguo mientras los niños “terminaban” de jugar por allí (sí, es un museo molón porque se pueden montar sobre las estructuras y demás), pero estaba lloviendo y ya se me había pasado la resaca, así que nos metimos en el restaurante donde íbamos a almorzar (Egon) a pedir vino blanco, a ver si entrábamos en calor.

 

Pedimos salmón. Qué rico, por favor. Ya de por sí me encanta el pescado, pero si encima tomas los pescados autóctonos y muy bien cocinados… Es toda una experiencia noruega 😛

Tras el almuerzo sí pudimos dar una vuelta por el centro y hacer fotos. Qué bonito es el atardecer en el mar del Norte…

Llegamos tarde a Haugesund, a tiempo de hacer las maletas y cocinar una hamburguesa casera especialidad de esta señorita 💖

Mi vuelo salía temprano, así que a las 5h30 ya estábamos saliendo de la casa. David tuvo que usar un cepillo para quitar la nieve de la luna del coche porque estaba nevando tan densamente, que mi vuelo se retrasó 1h15.

Temía no poder coger la conexión Oslo – Málaga, pero como éste también se retrasó, tuve suerte.

Por fin a las 15h30 pero con la maleta extraviada en Noruega pude salir del aeropuerto. Menos mal que la SAS me aseguró que al día siguiente tenía la maleta en mi casa (y así fue)

Llegué a Jerez justo para recoger a mi perrito 🐶 y descansar. Ya estoy pensando en que me encantaría ver esos mismos paisajes sin nieve… 😍